Desde la revista Federcaza hemos visto cómo en tan solo unos meses esta red social ha crecido en cuanto al número de fotografías que sus usuarios han subido. Unas son mejores, otras tienen mejor composición, y otras no son tan buenas, pero todas ellas son testigos de inolvidables jornadas de caza para quienes las protagonizaron.
Nos satisface enormente a todo el equipo de redacción que hacemos esta revista la gran calidad de muchas de las instantáneas que hay en Cazalia.com, y os animamos a que sigáis compartiéndolas con todos nosotros, pero tenemos que poner una advertencia sobre unas pocas, poquísimas imágenes, que deberían quedar reducidas a cero con prontitud. Nos referimos a esas fotografías que, además de ser de mal gusto por la presencia de elementos truculentos en la escena (sangre, vísceras, etc), sus protagonistas, quienes las han abatido, aparecen en actitudes poco menos que irrespetuosas con el animal abatido. Estas escenas no favorecen en nada al colectivo cinegético frente al juicio de la sociedad generalista, sino que alimentan los clichés anticaza más arraigados.
Por ello, vamos a recordar algunos pasajes de “¡Cuidado con las fotografías!”, un magnífico artículo que el director de la revista hermana Caza Mayor, José María García, publicó en Federcaza no hace mucho hablando sobre los puntos que debemos cuidar a la hora de hacernos la fotografía de rigor con la percha conseguida o el trofeo abatido.
“Desde aquí reivindico la importancia de las fotografías tomadas tras nuestras jornadas de caza, aunque eso sí, instantáneas hechas siguiendo unos criterios mínimos de estética y en las que se muestre el más absoluto respeto por las piezas abatidas[…]. Elijamos bien el entorno donde fotografiarnos con las capturas, coloquemos éstas de la forma más digna posible y adoptemos una pose que evidencie nuestra satisfacción sin caer en la burla o la irrespetuosidad. […]
Las imágenes hay que tomarlas siempre en el campo, allí donde se ha desarrollado la jornada venatoria, y en el caso de que nos hagamos acompañar por un perro, éste nunca debe faltar junto a nosotros y las piezas cobradas. Otra costumbre muy alejada de lo deseable es retratarse junto a la cabeza cortada de un animal de caza mayor. […] No es de recibo que encima hagamos alarde de este hecho cogiendo la cabeza o el trofeo con nuestras manos y pongamos cara de forajidos o cuatreros alegres tras tener el botín en las manos.
[…] No estaría de más que tratásemos de reducir la presencia de sangre y vísceras en el escenario elegido para tomar las fotografías. Poco cuesta mover una res unos metros para ubicarla en un sitio limpio, y menos aún colocarla de forma que se disimule la zona de su anatomía más dañada por el disparo.
Y están también aquellas instantáneas en las que el aficionado hace gala de una irreverencia inadmisible hacia el animal o animales que acaba de cazar. Actitudes burlescas y posiciones del cazador nada afortunadas en relación a las piezas muertas son tristemente habituales, lo que arroja una indigna imagen de un colectivo sobrado de enemigos. […] . Las fotografías venatorias deben ser un magnífico recuerdo de lo vivido en el monte, no un dechado de despropósitos que ni a los amigos se puede enseñar sin correr el riesgo de que nos saquen los colores.
Santiago Segovia, experto cazador y gestor venatorio, ha escrito ampliamente sobre este tema de las fotografías de cazadores con distintas especies de caza, que por su interés […] reproducimos a continuación en sus principales puntos. […]
Son varios los casos que conozco en que alguien protesta escandalizado por la exhibición pública que se suele hacer, en los medios de comunicación especializados, de cazadores que posan ufanos ante la cámara, con sus trofeos sin portar el pretendidamente obligado precinto. Ésta suele ser una discusión muy reiterada en los foros de Internet, donde es frecuente leer como algún exaltado protesta vehementemente y solicita explicaciones sobre la presuntamente dudosa legalidad de tal o cual consecución cinegética.
[…] Es creciente la preocupación que se empieza a remover en nuestras conciencias sobre la imagen que la caza proyecta ante el resto de la sociedad, y en esto tienen mucho que decir las imágenes que nosotros mismos presentamos en medios de comunicación tanto especializados como generalistas. […] La Asociación del Corzo Español creó hace bastante tiempo unas normas para la difusión de fotografías en sus publicaciones en las que se ponía como condición que las piezas deberán mostrar un aspecto limpio, sin sangre, sin presentar la lengua fuera de la boca, heridas abiertas o vísceras a la vista. También se evita la publicación de fotografías de cabezas cortadas y si en la fotografía aparecen humanos estos deben mostrar una actitud de respeto, no publicándose aquellas en las que se adopten posturas inadecuadas, se porten armas en actitudes amenazantes, se esté arrastrando a la pieza muerta por los cuernos, orejas o patas, y todas aquellas que denoten falta de respeto al animal cazado o puedan ser consideradas ofensivas o desagradables por otros observadores, por supuesto salvando las ocasiones en que por motivos científicos o técnicos la imagen lo requiera.”