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Publicado el 9 abril 2010 - 0 comentario(s) [ Escribe tus comentarios ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]

Luces y sombras

El aguardo o espera es una de las técnicas con la que se caza el jabalí que mayores pasiones despierta entre los aficionados.

 

Posiblemente su secreto radique en que es una práctica que requiere la preparación del terreno, la familiarización con el entorno, el ir descubriendo poco a poco las costumbres del jabalí en ese lugar concreto, además de la paciencia y la aplicación de los conocimientos ganados con la experiencia. Al contrario que la montería, la espera está reservada a aquellos de la tierra que dedican su tiempo, y su noche, a medirse con el jabalí en su terreno durante las horas en las que los sentidos del cochino nos toman ventaja. No es por tanto extraño que estas esperas se conviertan en una pasión que moviliza a miles de cazadores y que convierten estos pulsos en el momento central de su actividad cinegética.

Gracias a la escasez de alimento de calidad en el monte, el cazador podrá mover a su voluntad al jabalí

Pero, más allá de estos aspectos sentimentales y culturales, el aguardo tiene entre sus virtudes y defectos elementos muy interesantes para los gestores y estudiosos de la caza. Entre las luces hay que reconocer que gracias a las esperas se abren vías únicas de gestión de esta especie: durante los aguardos nos encontramos ante situaciones poco frecuentes en este mundo del jabalí: podemos seleccionar, con mimo y tiempo, el tipo de animal que se va a cobrar. Pero también hay sombras importantes: la falta de un control sanitario riguroso que cubra la mayor parte de las enfermedades que asolan algunas de las poblaciones de jabalí, y la excesiva presión de caza a la que se le somete a muchas de éstas, hacen que debamos estar alerta todos los que estamos implicados en este mundo.

Posibilidad real de gestión ordenada

Para los gestores de zonas naturales que cuentan al jabalí entre los elementos a potenciar o eliminar, la espera ofrece un gran abanico de posibilidades. Los aguardos proporcionarán al cazador un tiempo de incalculable valor en el que podrán analizar al jabalí que tienen delante y hacer una selección mucho más rigurosa y efectiva de la que se lleva a cabo durante la montería, la otra gran modalidad de caza que se práctica sobre la especie.

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Los machos suelen ser solitarios y sólo se acercan a un grupo si detectan a alguna jabalina en celo. © Guy Fleury.

Durante la espera, y según el criterio que se tenga, se podrán seleccionar preferentemente hembras con crías o machos adultos. Es decir, optaremos por castigar a la población en el caso de que se tratara de un lugar en el que los daños a los  cultivos vecinos o a la ganadería fueran elevados o, por el contrario, la selección podrá ir encaminada a cazar únicamente jabalíes que porten trofeos de calidad. El hecho de que esta dicotomía sea una realidad se basará en dos acontecimientos: uno, las características ecológicas de los ecosistemas mediterráneos en verano, y, otro, el momento del ciclo reproductivo y social en el que se encuentran las poblaciones de jabalí en estos meses.

El primero de los elementos citado, el ambiente en los hábitats mediterráneos en esta época estival, tendrá como consecuencia que el jabalí se volverá un especie predecible. Las altas temperaturas y la falta de agua harán que el terreno se seque y endurezca, por lo que las posibilidades que tendrán los individuos de encontrar alimento subterráneo serán muy escasas. Ante esta situación los jabalíes necesitarán explotar nuevas fuentes de alimento que les llevará a exponerse en los pocos terrenos con alimento, muchas veces escasamente conocidos. El éxito de los aguardos en estas épocas estará, lógicamente, basado en proporcionar un alimento de calidad en un sitio seguro que evite o reduzca este tipo de desplazamientos peligrosos. Alimentos ricos en agua, en azúcar, o también productos con propiedades desparasitarias, conseguirán que los jabalíes circulen hacia determinados lugares movidos por la necesidad de obtener energía y de librarse de la carga de parásitos que soportan. Gracias a la escasez de alimento de calidad en el monte, el cazador podrá mover a su voluntad al jabalí, hecho impensable en las épocas de abundancia de alimentos naturales de calidad o en los momentos del celo. El jabalí dejará de ser una especie poco sobornable y con un sistema defensivo invulnerable a este tipo de maniobras.

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Las esperas permiten seleccionar los individuos a abatir, al disponer de más tiempo para observar al jabalí que nos entra. © Valentín Guisande.

El segundo de los aspectos, la posibilidad de seleccionar individuos, vendrá dada, como ya hemos ido apuntando, por el hecho evidente de que se dispondrá de una mayor cantidad de tiempo y de jabalíes en menor movimiento que en las monterías. Pero no sólo serán estos acontecimientos los que harán posible la selección. En las zonas mediterráneas, en verano, habrá una clara separación de sexos. Por una parte se encontrarán los machos adultos, en algunos casos acompañados por algún individuo subadulto, que no se unirán a las unidades matriarcales formadas por hembras adultas, individuos de ambos sexos subadultos y las crías que nacieron durante la primavera. En esta época, estas familias de jabalíes serán numerosas y siempre seguirán las directrices de la hembra líder que es la que selecciona las rutas de desplazamiento, los lugares de encame, las fuentes de alimento o las zonas de bañas. La gestión, con pocos errores, sobre estos grupos será posible debido a que estas hembras que dirigen a los grupos serán fácilmente identificables. Si las crías son pequeñas, en los desplazamientos, siempre irán detrás de ellas y se reunirán a su alrededor ante un peligro o una llamada de atención. Por el contrario, si las crías tienen ya cierta edad, avanzarán delante de madre, también de una forma ordenada. El comportamiento de sus crías y el de las otras hembras adultas con respecto a esta líder, nos proporcionará evidencias importantes a la hora de actuar. Para el gestor que quiera mantener y potenciar a su población de jabalíes, estas hembras serán intocables y su desaparición tendrá importantes consecuencias sobre la supervivencia de sus crías y también del resto del grupo. Para el gestor que necesite bajar la densidad de jabalíes, serán su objetivo.

Machos y hembras solitarias

El error de identificación será frecuente si no analizamos con detalle el aspecto de las huellas dejadas por las patas anteriores

En cuanto a los machos, raramente, en estos ecosistemas, estarán con las hembras en los meses centrales del verano, y se encontrarán en su mayor parte solos. Únicamente podrán integrarse a ellos si hay alguna hembra en celo, pero es extraño que suceda en zonas mediterráneas en las que no exista una suplementación artificial, intencionada o no, de alimento. En las que este hecho sucede, bien porque los jabalíes tengan acceso a cultivos cercanos o porque se esté distribuyendo comida a los propios jabalíes o a cualquier otra especie, la composición de los grupos variará y sí podrán estar incluidos entre el resto de miembros de los grupos familiares esperando su oportunidad de fecundar a alguna de estas hembras receptivas. El disparo deberá ser siempre posterior a un análisis muy riguroso y no estará exento de una carga alta de riesgo.

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La falta de alimento en verano favorece que los jabalíes se arriesguen a comer en áreas diferentes a las habituales.

Pero con el problema de la suplementación, y sus implicaciones en la modificación del celo de las jabalinas, no acaban las posibles sorpresas del cazador de aguardos. Hay veces que pueden existir otras variaciones de carácter más natural que también tendrán repercusiones sobre la organización social del jabalí en verano. Así, en algunas ocasiones existe un número elevado de hembras adultas que han encontrado unas buenas condiciones alimenticias durante el resto del año, y es posible que algunas de ellas puedan haber tenido un segundo celo en primavera y estar durante los meses de verano cerca de su época de alumbramiento. Estas hembras, como suelen hacer el resto de madres en los meses de febrero y marzo, buscarán un lugar separado del grupo y se apartarán durante un tiempo aproximado de dos semanas. En los días previos al parto, su comportamiento será parecido al de los machos adultos, es decir, solitario. Sus marcas de pisadas tendrán grandes similitudes con ellos: patas traseras más separadas de lo habitual. Evidentemente, el motivo de la separación será diferente en cada caso: en uno, motivado por el gran tamaño testicular que tienen los machos de jabalí y, en otro, por el desarrollo del abdomen de la hembra cercana al parto. El error de identificación será frecuente si no analizamos con detalle el aspecto de las huellas dejadas por las patas anteriores, más marcadas en el caso de los machos gracias al mayor desarrollo de la musculatura torácica.

Escaso control sanitario

Pero no todo son ventajas cuando se valoran las esperas de jabalí. El problema sanitario que se deriva de su caza y posterior manipulación es grave y necesita ser abordado con seriedad.

Generalmente, y de la misma manera que se hace en las tradicionales matanzas de cerdo, de los jabalíes cazados en las noches de espera se seleccionan algunos trozos de carne de los músculos intercostales, del diafragma o de los músculos mandibulares y se llevan al veterinario para que a través de su análisis en el triquinoscopio certifique el estado sanitario del jabalí.

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Encontrar un rascadero reciente de jabalí en el tronco de un árbol es señal de que no anda muy lejos... © Ardeidas.

Sin embargo, hay que reconocer que existe un gran desconocimiento entre la mayoría de nosotros sobre qué es aquello tan terrible que puede llevar entre sus músculos un jabalí de apariencia sana. Y lo que es peor, se asume que si la pieza no es portadora del parásito Trichinella spiralis, que es el causante de la enfermedad llamada triquinelosis, el jabalí está libre de todo tipo de enfermedad infectocontagiosa. Desgraciadamente, no es cierto en la mayoría de las ocasiones. El no padecimiento de una parasitación por Triquinella no es excluyente de, por ejemplo, que el jabalí esté libre de padecer tuberculosis. No cabe duda de que desde hace algunas pocas décadas el panorama de enfermedades infecciosas que asolan a nuestra fauna no ha hecho más que ensombrecerse. Si queremos ser optimistas, podemos engañarnos pensando que ahora se dedican más recursos materiales y humanos a su detección y que lo único que ha ocurrido es que nos hemos vuelto más efectivos en su diagnóstico. Esta visión del problema puede tener su parte de verdad, pero no toda. Desgraciadamente, muchas personas especialistas en este tipo de enfermedades que llevan trabajando de manera continua desde hace varios años, siempre en las mismas zonas, analizando el mismo tipo de piezas de caza han sido las que primero se han alarmado sobre lo que está sucediendo.

Se hace necesario articular y reglar con más base científica las actuaciones cinegéticas, y, entre ellas, los aguardos

Posteriormente, la técnica diagnóstica, cada vez más precisa, ha confirmado sus impresiones y, también es cierto, ha destapado otras enfermedades más sutiles y que no estaban en los protocolos habituales de inspección. Tuberculosis, enfermedad de Aujeszky, brucelosis, leptospirosis, etcétera, forman parte de la microfauna que habita en el interior de los cuerpos de nuestros jabalíes en porcentajes que pueden superar el 30 ó 40% del total de la población. No obstante, afortunadamente para nosotros, en la mayoría de las ocasiones no son enfermedades que tengan el peligro de la triquina y, quizás por eso, no ha tenido el calado de ésta. Pero hay que reconocer que en su contra tienen que algunas de ellas se transmiten al hombre por el solo hecho de entrar en contacto con la sangre o vísceras y pueden mermar de forma considerable nuestra salud. Habría que analizar si, por ejemplo, los altos porcentajes de brucelosis, también llamadas fiebres de malta, que se observan entre algunos sectores sociales de zonas rurales no están ligados con el manejo poco ortodoxo de este tipo de carnes.

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En cuanto a la ingestión de la carne de jabalí es imprescindible que pase un control veterinario previo que declare la canal apta para el consumo. © Valentín Guisande.
 

Sea como fuere, y ante estas cifras, no cabe duda que en muchas zonas es una verdadera temeridad consumir jabalíes por el simple hecho de que no sean portadores del parásito que causa triquinosis. Una inspección veterinaria que analizara el estado general del animal, la adherencia de los pulmones a la caja torácica, el aspecto del hígado, la presencia de nódulos sospechosos entre los intestinos que visionara cualquier elemento extraño, etcétera sería más que recomendable. Los veterinarios no son adivinos y no pueden hacer un diagnóstico extensivo a las enfermedades más frecuentes que padecen los jabalíes de hoy con sólo una pequeña muestra de carne, muchas veces entregada para su análisis en condiciones poco claras. La solución ante esta situación tan desconocida está clara, pero es dura de poner en práctica: deben aflorar todos los jabalíes cazados en aguardos que van a ser consumidos y ser sometidos a la reglada inspección que se realiza a toda carne destinada a consumo humano. Con todos aquellos jabalíes cazados en otras condiciones, jugaremos a la lotería si nos toca degustarlos.

Exceso de presión cinegética

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Desde el suelo o desde torretas como la de la imagen, las esperas es una modalidad que cuenta con gran número de adeptos. © Guy Fleury.

El otro aspecto que queremos señalar como conflictivo a la hora de analizar las esperas es el de su abuso. No cabe duda de que en muchas zonas del sur de la península se producen un número excesivo de aguardos al jabalí. Cierto es que la Administración autoriza este tipo de actividades bajo el argumento de que la población de jabalíes de la zona está causando daños a la agricultura, pero también deberíamos valorar que se está abusando de este tipo de posibilidad legal que otorga nuestro reglamento.

Los innegables atractivos que tiene para el cazador de jabalíes esta modalidad están haciendo que a algunas poblaciones les sea muy difícil superar tanta presión cinegética. En muchas zonas de España se enlazan las épocas de monterías con los posteriores aguardos para comenzar nuevamente las monterías al poco de finalizar éstos. Y así año tras año. Las estadísticas nos están indicando que en las zonas en las que los ambientes mediterráneos son duros y existe una posibilidad real de mover a nuestro antojo a los jabalíes, los resultados se están resintiendo. Muchas de las áreas tradicionales de caza del jabalí están bajo mínimos y los resultados globales se enmascaran con las capturas que se producen en zonas de nueva colonización, como son los cultivos estivales o los bosques atlánticos del norte peninsular. Estos hechos que están aconteciendo en los bosques del sur no hacen más que decirnos que es posible actuar sobre el jabalí, hacerlo predecible, aunque para comprobarlo estemos poniéndolo contra las cuerdas.

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El número de esperas en una zona debe ser sostenible por la población de jabalíes. © José David Gómez.

Por todo esto, y ante la gran importancia económica y social que está alcanzando la caza del jabalí en la mayor parte las comunidades autónomas, se hace necesario articular y reglar con más base científica las actuaciones cinegéticas, y, entre ellas, los aguardos, que se aplican sobre la especie. La proliferación de poblaciones de jabalí en el interior de los campos de nuevos cultivos, la transformación que están sufriendo muchas de las fincas situadas en sus áreas tradicionales y la gran demanda social que tiene esta especie nos tienen que obligar a no mirar hacia otra parte.

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Cómo controlar con efectividad los depredadores

El grupo de los córvidos es tan numeroso como para contemplarlo en un solo artículo, de ahí que me centre en cuervos y urracas, dos especies que he estudiado durante muchos años. Como los córvidos inciden de forma directa en los nidos de casi todas las especies, me he permitido adjuntar fotografías de nidos con huevos y crías que comienzan en la avutarda y terminan en los gorriones, sin pasar por alto los de urracas y cuervos.

 

La mayor parte de los controles de predadores que se llevan a cabo en España son de urraca, cuervo y zorro, dejando los verdaderos depredadores que inciden en la biodiversidad del medio para otros matabichos de más rango, pero del mismo proceder.

Las miras ópticas para caza mayor de animales peligrosos no es algo recomendado, salvo que el usuario sea un miope alto

Me refiero a esas capturas de lobos que se llevan a cabo por funcionarios, o a esas contratas de las administraciones destinadas a poner fin a visones europeos, por citar dos ejemplos. Aquí nadie habla de que la cigüeña, de estar amenazada, como consecuencia de estudios sesgados, ha pasado a ser plaga y depreda más una de ellas que diez cuervos.

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El jabalí es un gran depredador de toda caza menor y cuando la naturaleza le pone en su sitio, enseguida sale el gurú de turno que vive de meter miedo a decir que él es necesario para establecer pautas de sobresalto. ¡Eso no es así! Las urracas se llevan por delante los nidos que pueden y yo las he visto cómo atacan a los pichones volanderos de palomas domésticas y de tórtolas turcas. Eso es cierto. Pero los gatos de los pueblos que están a su libre albedrío comen más nidos de aves que ratones y también les meten mano a los pardales en los tejados. ¿Qué pasa con los gatos?

Lo fácil es cazar zorros a diestro y siniestro sin darse cuenta de que a lo mejor en algunos casos hay que propiciar su existencia. Mientras no se hagan estudios previos de, por lo menos, patrones de distribución, es de locos que el coto contrate a un matabichos y proceda según sus luces, que suelen ser cortas. Hacer gestión no es matar cuervos, urracas y zorros. ¿Por qué no se meten con las gaviotas, que ahora con la ya casi desaparición de la flota pesquera española proceden de igual manera que los buitres, pero en su dimensión, claro?

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Jamás se debe actuar sobre un ecosistema sin un estudio previo de su abiótica y de su biocenosis. Un coto es parte de un ecosistema. No creo en ninguna repoblación, estoy en total desacuerdo con cualquier actuación tendente a disminuir una población a través de matanzas generalizadas de los llamados predadores. Soy partidario de actuar en la biocenosis creando los hábitats adecuados mediante siembras específicas, plantaciones de especies autóctonas, restauración para que la naturaleza se encargue de autorregularse y los cazadores capturemos aquello que supere la capacidad de un medio previamente adecuado y conservado. Jamás aprobaré las repoblaciones con especies no autóctonas.

De huevos, con perdón

Resumiendo, que éste es un artículo de huevos, con perdón. Sepan que las urracas se están refugiando en las ciudades y me temo que ya estén sufriendo purgas como las palomas.

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La verdad es que como son sumamente descaradas y comen de todo, encuentran en las urbes muy fácil acomodo. Madrugar para recechar un corzo en junio y no escuchar el graznido de las urracas protegiendo a sus crías es como ir a un restaurante de cuatro tenedores a zamparse un bocata de calamares. El cuervo empieza a escasear en los campos de toda España. Como lo leen. A lo mejor pronto habrá que protegerlos y si me apuran un poco, hasta catalogarlos. Yo ya llevo años sin quitarles ningún huevo de sus nidos, cuanto si más, matarlos. El cuervo es un ave fenomenal. Es pareja de por vida y si se mueren uno u otro, su compañero se muere de pena. Sepan también que tanto cuervos como urracas si se cogen desde pequeños y se ceban a mano, son mucho más cariñosas y fieles que un perro. Jamás entenderé cómo desconociendo como se desconoce absolutamente todo del cuervo se pueden tomar medidas cara a su extinción. ¿Que estropean nidos? Claro que se zampan nidos. Pero sigo muy de cerca a los pardillos (Carduelis cannabina) y les digo que estropean muchos más nidos las fumigaciones vitícolas de un año que todos los cuervos juntos de España en dos quinquenios. Eso sin contar el deshije de los agricultores vitícolas y olivareros.

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Tengo en mi poder nidos de pardillo abandonados en las cepas y cada año observo más nidos de pardillos abandonados en toda suerte de viñas y majuelos. Lo que no puedo soportar es cuando me encuentro las crías agonizantes o muertas por los venenos criminales con los que se tratan las grandes extensiones de monocultivos vitícolas.

Visito las viñas con frecuencia, pues en mi infancia por cada cuatro cepas me encontraba un nido de pardillo. Ahora me encuentro cada cuatro hectáreas un nido y el desastre va en aumento. Con decirles que los pardillos se han venido a la ciudad detrás de los jilgueros, verderones y verdecillos, creo haberles dicho bastante. ¡A lo que hemos llegado!

Información obsoleta

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¿Y qué me dicen de las gaviotas? ¿Comen o no comen nidos? ¿Matan o no matan especies? Cada día quedan menos agricultores, menos ganaderos y la flota pesquera está a punto de desguazarse en su totalidad, lo que se traduce en que la ruralidad desaparezca a pasos agigantados. Y eso no es bueno para nadie. Sobre el MARM tengo que decir que hay una documentación interesante que se puede bajar de su web de forma gratuita y que, bueno, sirve de orientación, pero que los datos son generalistas, repetidos, obsoletos, no contrastados y de bajo contenido técnico y muy amanerados y sensibleros a fin de gustar quienes los pagan. No obstante, tengo que decir que apuntan maneras cara a un futuro más exigente donde se ejerza un control de calidad.

La mortandad de las aves comienza en el nido

Creo decir esto con el suficiente conocimiento de causa tal y como documento por las aves que les muestro caídas de los nidos. Como voy mucho al campo, son muchas las que me encuentro y muchas las que procuro poner a buen recaudo, a sabiendas de que en un elevado número de veces van a sucumbir por el frío o por otros depredadores.

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Soy cazador y además soy de los que salen al campo a cazar, pero no sé por qué cuando me encuentro en el suelo un tordo que me abre el pico en demanda de comida, se me parte el corazón. ¿No me digan que echarían mano a esos cuervos que cuando te subes al árbol abren el pico en demanda de comida? Para tocar una sola de esas aves, hay que tener muy negro el corazón. Los gatos de los pueblos saben muy bien que las crías de los pájaros se caen de los nidos y ellos hacen sus rondas de caza alrededor de los edificios. Lo que pasa es que hay muchos y los muy ladinos también se van al campo. En las cantinas no te encuentras nidos, pero en las bodegas crían las carbonerillas y da gusto encontrarse con tan bonitos regalos. Las tórtolas turcas tocan las narices a todos, pero su nido es idéntico al de las tórtolas comunes e igual al de las torcaces. Claro, los huevos son más pequeños y mientras los pichones de las torcaces hacen sus necesidades fuera y son éstas las que precisamente les delatan debajo de los olivos, nogales, zarzas y frutales, los pichones de las tórtolas turcas cagan al lado del nido. No sé si será en prevención a que las cagadas delaten el nido. Todo un mundo. Sí es cierto que crío mis torcaces y tenía mis domésticas, pero las domésticas son muy prolíficas y no me gusta matar a los pichones.

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No me gusta que se ande por el campo para hacer fotos de nidos de perdices pues se han cometido verdaderos abusos para nutrir a unas granjas que después las mixturaban. Bueno, soy poco amigo de andar por el suelo buscando lo que se puede pisar, por eso no adjunto imágenes que no sean de pollos, esa es la verdad. Pero para saber algo de campo hay que mamarlo y estar en él de verdad. El campo no se aprende en los libros, o por criminalizar la caza, o por licenciarse en algo o por estar de pegote en la administración tal o cual.

 

 

El cuervo

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El cuervo común posee uno de los cerebros más grandes de todas las especies de aves. Muestra también varias habilidades como la resolución de problemas así como la imitación y la intuición, según leo en la wikipedia. Aun cuando hay varios autores que afirman que el cuervo puede vivir más de un siglo, lo cierto es que la mayoría no pasa de los quince años y muy excepcionalmente llegan a los cuarenta. No se esfuerzan en hacer mucho el nido, si bien la mullida es toda una obra de ingeniería construida con los materiales aislantes que encuentras en su radio de acción. El cuervo se establece en un lugar y allí cría siempre. Es más, cría con la misma pareja y utiliza el mismo nido modificándole la mullida. La mullida suele consistir en vellones de lana de las ovejas (muy utilizados) pelos de liebre y conejo y plumas de otras aves tales como las de avutarda. A diferencia de la urraca, no pone capota en el nido. Sus huevos son casi iguales variando únicamente el tamaño. La coloración de los huevos suele variar dependiendo de la zona, de lo que se alimente, de la edad que tenga la hembra, de la decoloración por la exposición al sol, de lo calcárea que sea el agua que beben, etc. Es más, dentro de una misma nidada se encuentran huevos con diferente color, grosor de cáscara e incluso volumen, pero todos ellos tienen un común denominador que les hace inconfundibles. El número mágico de huevos en un nido es el cinco, pero yo he visto nidos con seis y con menos. Como ocupan un determinado espacio y ponen según el tiempo, yo diría que se autorregulan en todo. Se regulan en el inicio del postón, en el número de huevos y hasta en la ubicación del nido para resguardarle de los vientos. A diferencia de la urraca, ni se esmera mucho en el nido, ni en hacerlo en lugares inaccesibles para cualquier humano. El cuervo no puede vivir sin su pareja y a poco que se separen, ya están llamándose.

El problema del cuervo es que es un omnívoro que come más grano y más ratones de lo que la gente se cree. También nidos, no lo niego. El cuervo come carroña a diestro y siniestro y al comerse a diestro y siniestro topillos campesinos (Microtus arvalis) envenenados por la Junta de Castilla y León en la tristemente famosa plaga que asoló Tierra de Campos (Castilla y León), muchos cuervos perecieron envenenados.
 

La urraca

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Quizás sea una de las aves cuyos nidos y crías más he perseguido desde niño. Es más, me parece que ya les habré contado que en una ocasión por coger un nido de urraca en la copa de un chopo cuando se podaban en Castilla como se deben de podar, di con los huesos en tierra y a punto estuve de expirar. Pero no por ello dejé de perseguir urracas, si bien es cierto que no las he disparado jamás. Pero aprenderme sus nidos, correr a sus crías, llevarlos al ayuntamiento para que me dieran su porqué y muchas cosas más, las hice desde niño y las sigo haciendo con la misma ilusión e incluso con más. Me duele en el alma tener que escribir que en las ciudades empiezan a ser plaga y no van a andar con ellas en contemplaciones. Hubo un tiempo en el que llegaron a las ciudades los fringílidos y eran dignos de admirar. Ahora todavía siguen, pero las voraces urracas los traen a mal traer.

Las urracas tienen unos determinados territorios donde crían casi tan habitualmente como el cuervo. Es más, tienen más de un nido, decantándose al final por el más idóneo. Y si sacan sus pigazos adelante, tienen que ir a nuevos lugares donde no estén colonizados por sus congéneres. Para eso no hace falta ningún estudio. Les cito algunas de las que han visto mis ojos en los últimos dos años. Hace una semana o así, un cuñado mío me trajo a casa un periquito que se había escapado o lo habían soltado de una jaula, no lo sé, lo cierto es que una urraca lo tenía medio muerto a picotazos. Lo voy sacando adelante. No me gustan las especies alóctonas, pero bueno. El año pasado vi cómo dos urracas la emprendían a picotazos con un pichón de tórtola turca y cuando bajé a la calle ya lo habían matado. Luego se lo zamparon. Esto lo he visto más veces. Sepan que las urracas son unas grandes depredadoras de nidos, pero que si están ahí, será por algo. En el campo apenas quedan y yo ya no les quito ningún huevo, pero en la ciudad me fastidia que sean tan dañinas. El nido de urraca es una verdadera obra de arte. A diferencia del de los cuervos, el de ellas está bien formateado, con el pozo suficiente y con una impenetrable techumbre a prueba de cernícalo o de cualquier otra volátil. Lo que más me llama la atención es esa mullida de raíces de hierbas que es la misma en toda España. La mullida del nido de un cuervo suele ser de lo más variopinta, pero siempre con material aislante, eso es cierto, pero la mullida del nido de las urracas es de una especie de raíces rugosas que me tiene asombrado, pues son las mismas en Palencia que en Murcia. Son preciosas, eso es cierto. Bueno, la urraca es un ave que todavía en muchos lugares de España se conserva la tradición de capturarlas de pequeñas y de tenerlas enjauladas durante un tiempo, para luego convertirlas en domésticas y observar sus pillerías y gozar de su compañía. Tanto el padre como la madre son sumamente hacendosos y buenos para con una prole numerosa glotona y torpona.

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Las claves de la señalización cinegética

De todos es conocida la utilidad y necesidad de la señalización cinegética: para que un coto de caza pueda ser reconocido por cualquiera, para que no haya dudas respecto de los terrenos de libre aprovechamiento, las leyes de caza establecen la obligación de utilizar tablillas indicadoras, señales distintivas o rótulos. La señalización es tan importante que en muchas ocasiones los tribunales han anulado la correspondiente sanción en materia de caza porque el acusado no había podido tener conocimiento de que se hallaba en terreno especialmente clasificado.

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Desde hace mucho tiempo se ha exigido en los terrenos de caza señales mediante piedras o tablillas, incluyendo el numeral de la matrícula en su caso. La normativa vigente en la actualidad dispone la obligación de establecer carteles de carácter homogéneo y claros en el contenido sobre las características del terreno a efectos de caza, de manera que todos tengan en la medida de lo posible iguales dimensiones, forma y tipo de letra.

Tipos de señales de caza

Desde un punto de vista legal, podernos clasificar las señales de caza en señales de primer orden, señales de segundo orden y chapas de matrícula.

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Las señales de primer orden estarán confeccionadas de cualquier materia que garantice su conservación y rigidez, teniendo unas dimensiones de 30 por 50 centímetros con un margen de tolerancia del 10 %, siendo los colores de las letras en negro sobre fondo blanco, con la leyenda que corresponda a su régimen cinegético.

Algunas Comunidades Autónomas han aprobado normas reguladoras de estas señales que adaptándose a la peculiar clasificación de sus terrenos cinegéticos establecen sus características específicas.

Consecuencias legales de la señalización

Así, la finalidad de las señales cinegéticas es dar a conocer materialmente la especial condición cinegética de un terreno, informando al cazador de su característica especial que impide la caza si no se han cumplido una sede de requisitos determinados. Por ello resultan de obligada colocación por los titulares o responsables del terreno, pues su instalación es requisito probatorio de su condición, salvo en zonas de seguridad en que esta obligatoriedad queda a expensas de lo que establezca la normativa correspondiente.

altPara que sean exigibles las prohibiciones respecto del ejercicio de la caza debe cumplirse el requisito de la correcta señalización.alt

Además, los tribunales han declarado en numerosas ocasiones el valor de garantía informativa que estas señales tienen para que el cazador pueda conocer en qué clase de terreno se halla, no pudiendo ser sancionado cuando no resulte acreditada la suficiente señalización del terreno.

Varias sentencias en materia de caza han exigido que para que sean exigibles las prohibiciones y limitaciones respecto del ejercicio de la caza en los terrenos de clasificación cinegética especial, debe cumplirse previamente el requisito de la correcta señalización exigida por las normas. Por ello no es suficiente con la autorización administrativa autorizando el coto.

Además, para que la señalización sea legalmente válida, no puede ser diferente que la que dispongan las normas aunque especifique claramente la condición cinegética del terreno.

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En palabras de los tribunales, la señalización tiene como finalidad que el cazador pueda conocer, con exactitud, que se halla en un terreno de aprovechamiento especial, y constituye prueba efectiva de que se trata de un terreno de esa clasificación. A falta de señales o con señalización incorrecta, no puede presuponerse que el cazador conoce con exactitud en qué clase de terreno se halla. Incluso hay sentencias que han declarado que aunque el cazador sea vecino de la zona, ello no presupone su conocimiento del régimen cinegético de los terrenos.

En los casos de infracción en materia de caza, quien denuncie la contravención de las normas y existencia de señales al respecto deberá acreditar su existencia.

altResulta conveniente dejar constancia de que se ha hecho la señalización para el caso de que fuera preciso probarlo.alt

Por todo ello no sólo es preciso realizar la señalización de modo correcto, sino que resulta también conveniente dejar constancia suficiente de que así se ha hecho para el caso de que fuera preciso probarlo. Para ello se recomienda que una vez instaladas las señales, el responsable del terreno solicite por escrito (quedándose con copia sellada) a la administración autonómica competente, que realice una visita de inspección levantando acta de la correcta señalización, acta que puede ser realizada por un notario a petición del responsable de la finca. No obstante, todo esto no es definitivo, pues lo que ha de quedar acreditado para llevar a cabo el procedimiento sancionador es que la señalización se hallaba correctamente establecida en el momento de la realización del hecho supuestamente constitutivo de infracción. En caso de que haya caducado la autorización del terreno cinegético especial y persistan las señales, puede haber lugar a una infracción administrativa del responsable del terreno, pues está obligado a retirar las señales.

Las señales de caza fueron reguladas por una Orden y Resolución del Ministerio de Agricultura de 1971 y 1973 respectivamente, pero hay que tener en cuenta que esta materia está regulada por casi todas las Comunidades Autónomas.

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Todos los terrenos de aprovechamiento cinegético deben contar con señalización.

La mayor parte de las leyes autonómicas que regulan infracciones sobre maltrato o destrucción de señales clasifican ésta como infracción grave. Por ejemplo, la Ley de Caza de Castilla La Mancha, incluye entre las infracciones grave el incumplimiento de las normas sobre señalización de terrenos cinegéticos y, en general, sobre instalaciones destinadas a la regulación o fomento de la caza, así como dañan modificar, desplazar o hacer desaparecer intencionadamente todo o parte de la señalización de los terrenos cinegéticos. También incluye como infracción grave la alteración o daño a los cerramientos o cercados debidamente autorizados. La Ley de Caza de Aragón ha incluido entre las infracciones graves: incumplir las normas sobre señalización de terrenos cinegéticas por parte del titular del coto; incumplir las normas sobre señalización de las zonas no cinegéticas voluntarias por parte del propietario o propietarios de las fincas que las conforman; arrancar derribar, desplazar o modificar cualquier tipo de señal prevista en la legislación de caza.

Con todo, no hay que olvidar que quien destruya o deteriore las señales de caza puede ser objeto de una denuncia que le obligue a abonar los desperfectos a la administración además de la sanción propiamente dicha, pues tanto la normativa de caza como la medioambiental establece que las sanciones administrativas son plenamente compatibles con la exigencia al infractor de la reposición de la situación o los bienes alterados en su estado originario, además de la indemnización por daños y perjuicios adicionales causados, en su caso, que deberá ser abonada a la Administración.

Publicado el 9 abril 2010 - 0 comentario(s) [ Escribe tus comentarios ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]

Si quiere cazar en toda España, ya sabe:

haga acopio de permisos

Las competencias en materia cinegética fueron cedidas hace ya varios años por la Administración Central al Gobierno Central a las Comunidades Autónomas. Cada región lleva a cabo desde entonces la gestión de todo lo relacionado con la caza en sus territorios, e incluye la expedición de licencias. Cabe recordar aquí que se debe adquirir una licencia por autonomía a la que se acuda a cazar, ya que los esfuerzos armonizadores que en este sentido se han desarrollado no han dado sus frutos. Vamos a aprovechar este momento para referirnos a las condiciones impuestas por cada comunidad a la hora de renovar las licencias de caza, permisos indispensables para ejercer nuestro deporte favorito.

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Se debe señalar desde el principio que existen una serie de trámites comunes a todas las comunidades Autónomas: no estar inhabilitado para el ejercicio de la caza; y poseer el Seguro Obligatorio de Responsabilidad Civil si empleamos armas de fuego. Cada uno de los distintos gobiernos autonómicos fijan sus propias normas y tipos de licencias, aunque se respetan tres tipos comunes: con armas de fuego, sin ellas, y empleando cualquier otro método. Estas licencias se pueden gestionar en persona o a través de gestorías, armerías, empresas de Internet y entidades bancarias. Se han propuesto todas estas vías con el objetivo de ofrecer las mayores facilidades y mitigar los efectos de la burocracia.

La puesta a punto del cazador

El traspaso de competencias también ha dejado a elección de las Comunidades Autónomas la necesidad de realizar —o no— un examen de cazador para obtener por primera vez la licencia. Es una práctica muy extendida en Europa —siendo el nivel exigido sensiblemente superior al nuestro—, pero en España sólo ha sido acogida por algunas regiones. En cualquier caso, deben presentarse al test los cazadores que no justifiquen haber tenido una licencia durante un tiempo fijado por cada región.

altEl traspaso de competencias ha dejado a elección de las comunidades autónomas la necesidad de realizar un examen de cazador.alt

Los exámenes se preparan mediante manuales editados por las propias autonomías por firmas editoriales privadas —también por federaciones—. Sus contenidos hacen referencia a cuestiones legales, procedimientos, armas y calibres de caza, el conocimiento de las especies cinegéticas, etc. Además, aquellos que quieran obtener una licencia de armas de tipo D —escopetas— o E —rifles—, deberán superar un ejercicio teórico y práctico instituido hace ya unos años. Una vez asentadas estas bases, veamos las licencias de cada comunidad.

Andalucía

Hay tres tipos de licencia diferentes, válidas para uno, tres o cinco años:

  • A. Caza con arma de fuego y otros procedimientos. Para mayores de 18 años, de 13,18 euros a 65,89 euros, según el periodo de validez; para menores de 18 años, de 6,56 euros a 32,79 euros. Hay un recargo para caza mayor, aves acuáticas y ojeos de perdiz de 6,59 euros a 32, 95 euros para mayores de 18 años, y de 3,25 euros a 16,27 euros para menores de 18.
  • B. Caza sin arma de fuego. Para mayores de 18 años de 6,56 euros a 32,79 euros, y para menores de 18, de 3,30 euros a 16,52 euros. El recargo para caza mayor en este caso iría de 3,25 euros a 16,27 euros para mayores de 18 años, y de 1,66 euros a 8,31 euros para los menores.
  • C. Para obtener esta licencia es necesario poseer la A y la B. Aquí encontramos el tipo C1 (cetrería de 36,54 euros a 182,68 euros) y el tipo C2 (reclamo de perdiz de 26,47 euros a 132,35 euros) y el C4 (rehalas por un año 263,72 euros).
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En esta comunidad, los mayores de 65 años están exentos del pago de las tasas de las licencias, y se expide una tarjeta del cazador con un Número de Identificación Registral que facilita la renovación de las licencias.

El examen de caza y pesca cuesta 25,17 euros.

 

Dirección General de la Gestión del Medio Natural.
Avda. Manuel Siurot 50, Casa Sundheim. 41071 Sevilla.
Tel.: 955 003657

Federación Andaluza de Caza.
C/ Los Morenos s/n. 29300 Archidona (Málaga).
Tel.: 952 714871

Aragón

Sólo dos tipos de licencia, clase A y clase B, válidas por un año, y ambas al precio de 28,75 euros. No hay examen del cazador ni recargos de ningún tipo. Los únicos requisitos necesarios son los mínimos y comunes a todas las regiones de España. Las licencias se piden en las oficinas comarcales del Departamento de Medio Ambiente, y también por correo. Los ojeadores, batidores, secretarios o podenqueros que no utilicen armas de fuego no necesitan licencia.

Instituto Aragón Gestión Medio Ambiente (INAGA).
Plaza Antonio Beltrán Martínez 1, 5a, 50002, Zaragoza.
Tel.: 976 715181

Asturias

Sólo existe un tipo de licencia, válido tanto para caza mayor como para menor, y cuya validez es de uno o cinco años. El precio de la licencia anual es de 25,39 euros, y de la quinquenal 110,98 euros. Todos aquellos que justifiquen haber tenido una licencia antes de 1989 o hayan superado las pruebas en otra autonomía, quedarán exentos del examen de cazador. Las licencias se piden en la Consejería de Medio Ambiente.

Departamento de Medio Ambiente.
C/ Coronel Aranda 2, Planta Plaza, 33071 Oviedo.
Tel.: 985 105540; Fax: 985 105984

Baleares

En esta comunidad no es necesario pasar el examen de cazador y existen estos tipos de permisos:

  • A. A1, para caza con armas de fuego y procedimientos autorizados (14,18 euros). El A2 es el mismo pero para menores de edad, y su precio es de 7,68 euros. Para caza mayor hay que pagar un recargo de 7,68 euros en el tipo A1 y 3,88 euros en el tipo A2.
  • B. Caza sin arma de fuego. Se divide también en B1 (7,68 euros) y B2 para menores de 18 años (3,88 euros).
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Hay también licencias para procedimientos especiales, como son la cetrería (25,03 euros), el reclamo de perdiz (12,89 euros) y caza con hurón (26,44 euros). Todos estos permisos son anuales y para españoles, ciudadanos de la UE y extranjeros residentes. En cualquier otro caso existen licencias temporales. Las direcciones territoriales de Menorca e Ibiza, el Ayuntamiento de Formentera y el Consell Insular son los encargados de la tramitación de los permisos.

Dirección General de Caza.
C/ Manuel Guasp 10, 07006, Palma de Mallorca.
Tel.: 971 176800; Fax: 971 176158

Canarias

altCada uno de los distintos gobiernos autonómicos fijan sus propias normas y tipos de licencias.alt

Hay tres tipos básicos: A1 (escopeta y perros mayores de 18 años, 20 euros) y A2 (menores de 18 años, 10 euros); B1 (sin arma de fuego mayores de 18 años, 10 euros) y B2 (5 euros); y C1 (hurón, 40 euros). Los demás tipos son combinaciones de estos tres: A1C1 (60 euros); B1C1 (50 euros); A2C1 (50 euros); y B2C1 (45 euros).

Además de estas clases, podemos encontrar las licencias A3 y A4, que son para extranjeros no residentes. Los tipos B3 y B4 van dirigidos a los anteriores pero sin armas de fuego. La C2 es una licencia para rehalas de perros, en número entre 16 y 40 animales.

Cabildo Insular de Tenerife.
C/ Diego de Almagro 1, Santa Cruz de Tenerife.
Tel.: 922 239050

Cabildo insular de Gran Canaria.
C/ Domingo J. Navarro 1, Las Palmas de Gran Canaria.
Tel.: 928 372144

Federación Canaria de Caza.
C/ Pilar 1, 38002, Santa Cruz de Tenerife.
Tel.: 922 245015

Cantabria

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La licencia en esta Comunidad Autónoma es única, y se puede obtener para un periodo de un año (10,52 euros), dos años (20,36 euros) y tres años (30,21 euros). No conlleva ningún tipo de recargo y tampoco es necesario realizar un examen para obtenerla. Se expide en la Dirección General de Montes y Conservación de la Naturaleza.

Servicio de Montes, Caza y Conservación de la Naturaleza.
C/ Antonio Rodríguez 5, la, 39002 Santander.
Tel.: 942 207590

Federación Cántabra de Caza.
Plaza de las Estaciones s/n, Edificio Torre Renfe, 39002 Santander.
Tel.: 942 229808

Castilla-La Mancha

El examen de cazador no es obligatorio para solicitar una licencia en esta autonomía. Sólo hay que cumplir los requisitos mínimos marcados por la ley. Los permisos son anuales y quinquenales, y se tramitan en las direcciones territoriales. El precio de la licencia de caza menor para un periodo de un año es de 20 euros, y para cinco años es de 90 euros. En cuanto a la caza mayor, el periodo de un año se eleva a 35 euros, y el de cinco años a 170 euros. Para los jubilados, las licencias de caza menor y mayor son gratuitas.

Justo Vázquez Rodríguez.
C/ San Francisco 41, 45600, Talavera de la Reina, Toledo.
Tel. y Fax: 925 800596.

Federación Castellano-Manchega de Caza.
C/ Comercio 22, 45001, Toledo.
Tel.: 952 224263

Castilla y León

En esta Comunidad Autónoma las licencias se dividen en tres tipos: de caza con armas de fuego, 25,50 euros; de caza con galgos, 8,20 euros; y de rehalas de caza, 163,20 euros.

La validez de todos estos permisos es por un año, y se solicitan en los servicios territoriales de la Junta en cada provincia.

Dirección General del Medio Natural.
C/ Rigoberto Cortejoso 14, 47071, Valladolid.
Tel.: 983 419988.

Federación de Caza de Casilla y León.
Plaza Mayor 8, 2°, 47001, Valladolid.
Tel.: 983 333488.

Junta de Castilla y León, Dto. de Medio Ambiente. Delegación Territorial de Valladolid.
C/ Duque de la Victoria 5, 47001, Valladolid.
Tel.: 983 411079; Fax: 983 411090

Gestoría Serrano Ortiz S.C.P.
C/ Villa Benavente 7, 1°, 24004, León.
Tel.: 987 251067; Fax: 987 251067

Cataluña

Existen dos tipos de licencias:

  • A. Con armas de fuego, 20,60 euros.
  • B. Sin armas de fuego, 10,30 euros. Se trata de licencias anuales.

Departament de Medi Ambient i Habitatge.
Travessera de Gracia 56, 4a planta, 08006, Barcelona.
Tel.: 93 5670815; Fax: 93 4140926

Departament d'Agricultura, Ramaderia i Pesca.
Avenida Meridiana 38, 08028, Barcelona.
Tel.: 93 4092090; Fax: 93 4092021

Comunidad Valenciana

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Los permisos para caza con armas de fuego son por uno tres años, con precios de 24,50 euros y 39,50 euros, respectivamente. Se tramitan en las direcciones generales de cada provincia y no es necesario ningún examen.

Dirección General de Planificación y Gestión del Mecho Natural.
C/ Arquitecto Alfa-ro 39, 46011, Valencia.
Tel.: 96 3866000.

Federación de Caza de la Comunidad Valenciana.
Plaza Cánovas del Castillo 8, 46005, Valencia.
Tel.: 96 3348363.

Gestoría Doménech García Moreno.
Avda. Camí Nou 14, bajo, 46950, Chirivella, Valencia.
Tel.: 96 3836177; Fax: 96 3706200

Extremadura

Las licencias se dividen en las siguientes clases:

  • A (armas de fuego). Para caza menor y por un año, su precio es de 12,73 euros, y para mayor, 21,19 euros. Si tenemos un permiso de menor y queremos el de mayor, el recargo es de 8,46 euros. Para dos, tres, cuatro y cinco años las tarifas difieren. La licencia quinquenal de caza menor cuesta 63,65 euros, y la de mayor 105, 93 euros, con un recargo de 42,28 euros.
  • B. En este tipo se agrupan el guía o perrero, la caza con galgo, las rehalas, la caza con ballesta, arco y cetrería. También van de uno a cinco años, siendo los precios parejos en todas las clases (para 5 años entre 54,26 euros y 67,73 euros).
  • C. Para reclamo de perdiz. El precio va de 4,35 euros un año, a 21,73 euros cinco años. Es requisito indispensable para obtener la licencia pasar un examen. Los mayores de 65 años están exentos del pago de las tasas. En cuanto a los extranjeros no residentes sólo podrán obtener licencia de un año de duración.

Dirección General de Medio Ambiente.
Avda. de Portugal s/n, 06800, Mérida, Badajoz.
Tel.: 924 002321: Fax: 924 002087

Federación Extremeña de Caza.
C/ Fernando Gastón 3, 06005, Badajoz.
Tel.: 924 232336

Galicia

En esta comunidad existen tres tipos de licencias:

  • A. Con armas de fuego. La clase A1 es para nacionales, extranjeros residentes y ciudadanos de la UE mayores de 18 años y menores de 65 (27, 61 euros); la A2 para los mismos solicitantes, pero menores de edad y mayores de 65 años (13,88 euros); y en la A3 se encuadran los extranjeros de tercer país no residentes en España (91,75 euros).
  • B. Cualquier procedimiento autorizado excepto armas de fuego. Perros, cetrería y arco. Las categorías son las mismas que en el tipo A. El B1 cuesta 18,44 euros, el B2 9,27 euros, y el B3 64,21.
  • C. Para poseer una rehala con fines de caza. Su precio es de 110,10 euros.

La vigencia de todos los permisos es anual. Pueden solicitarse en los servicios provinciales de Medio Ambiente de la Xunta en cada provincia, y también por correo.

Dirección General de Montes y Medio Ambiente Natural.
C/ San Lázaro 83, Santiago de Compostela, A Coruña.
Tel.: 981 562777

Xunta Galicia, Servicio Provincial Caza y Pesca La Coruña.
Edificio Administrativo Mondos, Plaza de Luis Seoane s/n, 5ª planta, 15008, A Coruña.
Tel.: 981 182299

Madrid

Existe un único tipo de licencia, y su validez oscila entre uno y cinco años, como sus precios, entre 11,28 euros (un año) y 45,16 euros (cinco años). Son gratuitas para mayores de 65 años y menores de 16.

Consejo de Caza y Pesca fluvial.
C/ Princesa 3, la planta, 28008, Madrid.
Tel: 91 5803882; Fax: 91 5804873

Federación Madrileña de Caza.
Avda. Arcentales s/n, Estadio de la Comunidad, 28022, Madrid.
Tel.: 91 3209054

Murcia

Las licencias en esta comunidad se dividen en los siguientes tipos:

  • G. Caza con armas de fuego y cualquier otro procedimiento autorizado (reclamo de perdiz, recargo de caza mayor, perdices a ojeo y tirada de patos). Su precio es de 21,98 euros para un año, y de 109,90 euros para cinco. Este permiso presenta una variante para pensionistas, GE, que es gratuita.
  • S. Caza sin armas de fuego. La licencia anual cuesta 10,99 euros, y la quinquenal 54,95. También hay aquí un tipo para pensionistas gratuito, el SE.
  • C1. Cetrería. Su validez es anual y cuesta 27,30 euros.
  • C2. Caza con hurón. Es también anual. Su precio es de 27,30 euros.
  • C3. Rehalas de perros en número entre 16 y 40. Cuesta 153,52 euros, y es anual.
  • TH. Tenencia de hurón. Su precio es de 5,82 euros (anual). Para cazar con hurón es necesario tener esta licencia y la C2, además de un permiso del dueño de la finca.

Dirección General del Medio Natural.
C/ Catedrático Eugenio Úbeda 3, 30008, Murcia.
Tel.: 968 228913; Fax: 968 228938

Navarra

altLas licencias se pueden gestionar en persona o a través de gestorías, armerías, empresas de internet y entidades bancarias.alt

Ésta es otra comunidad en la que sólo hay un tipo de licencia, anual, y cuesta 12 euros. No existe ningún tipo de recargo, y para sacarla por primera vez, es necesario ser mayor de catorce años y pasar un examen. Deben hacerlo los cazadores que no justifiquen haber tenido una licencia antes de 1994.

Sección de Ecosistemas y Ecología del Paisaje.
C/ Yanguas y Miranda 27, la, 31003, Pamplona.
Tel.: 948 290564

Federación Navarra de Caza.
C/ Paulino Caballero 13, Casa del Deporte, 31002, Pamplona.
Tel.: 948 427853
 

Asesoría Angia.
Avda. Carlos III 7, 1°, 31002, Pamplona.
Tel.: 948 223185

País Vasco

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Son las diputaciones provinciales las encargadas de tramitar el único tipo de licencia existente en el País Vasco. Es un permiso anual, y cuesta 28,87 euros. Hay que pasar un examen para sacar la licencia al que se deben presentar los cazadores que no demuestren haber poseído un permiso entre mayo de 1984 y mayo de 1990.

Departamentos de Agricultura de las Diputaciones Forales.
Plaza de la Provincia s/n, Vitoria, Álava.
Tel.: 945 181818.
Plaza de Guipúzcoa s/n, San Sebastián, Guipúzcoa.
Tel.: 943 482149.
Avda Madariaga I, Bilbao, Vizcaya.
Tel.: 944 207400.

Federación Vasca de Caza.
C/ Julián Gayarre 48, 48004 Bilbao.
Tel.: 94 4735006

Gestoría Bengoa.
C/ Francia 25, 1°, 01002, Vitoria.
Tel.: 945 251500; Fax: 945 276535

La Rioja

El permiso es único, tanto para menor como para mayor. Estas son de 18,27 euros para licencias anuales, y 82,40 euros para las quinquenales.

Secretaría General de Medio Natural.
C/ Prado Viejo 62 bis, 26071, Logroño.
Tel.: 941 291253; Fax: 941 291302.

Federación Riojana de Caza.
C/ Gonzalo de Berceo 2 y 4 entpla. 26005, Logroño.
Tel.: 941 201669

Publicado el 9 abril 2010 - 0 comentario(s) [ Escribe tus comentarios ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]

Especies introducidas de caza mayor

Acaba de aparecer el libro «Criterios para la Certificación de la Calidad Cinegética en España», editado por Juan Carranza y Juan Mario Vargas y que cuenta con los escritos de personalidades de reconocidos prestigio en los ámbitos científico y cinegético-conservacionista. A continuación, y debido al interés que esta obra puede tener para nuestros lectores, reproducimos uno de sus capítulos, «Especies introducidas de caza mayor», de Jorge Cassinello.

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La distribución del arruí en aquellas zonas en donde se ha introducido con fines cinegéticos ha ido aumentando progresivamente.

Existen dos bóvidos de origen exótico presentes en cotos de caza españoles: el muflón (Ovis aries) y el arruí (Ammotragus lervia). Ambos de orígenes bien diferentes pero que se han adaptado perfectamente a los ecosistemas españoles. Su novedad como trofeo ha originado una creciente demanda, sobre todo en el caso del arruí, por lo que su presencia en cotos de caza privados es cada vez más habitual.

Orígenes

Todos los indicios indican que el muflón es el ancestro directo de la oveja doméstica (Pfeffer, 1967; Bunch et al., 1978; Poplin, 1979). De ahí que recientemente se haya llegado al acuerdo de identificarlo como Ovis aries, la denominación taxonómica que se utilizó en primer lugar para definir a aquélla (UICN/SSC, 2000; BZN, 2003). Hay constancia paleontológica referente a hace unos dos millones de años que nos indica la existencia de una serie de oleadas de especies de género Ovis recorriendo Europa procedentes del este asiático, pero las cuales no llegaron a establecerse permanentemente.

altCon la introducción de especies exóticas se ha fomentado el interés, previamente inexistente, unos nuevos y atractivos trofeos en los aficionados a la caza.alt

A comienzos del Neolítico, con el cambio de actitud humana y su desarrollo como especie cazadora-recolectora, el muflón o un ancestro de él debió alcanzar la península anatólica. El hombre comenzó a aprovechar los recursos que le proveía (leche, abrigo, carne) y comenzaría una etapa de domesticación primaria. El actual muflón europeo parece ser el resultado de un proceso secundario de asilvestración que tendría lugar en algunas islas mediterráneas, tales como Córcega, Cerdeña y Chipre (Pfeffer, 1967). Ello explicaría por otro lado la aparentemente caprichosa librea que muestra, resultado de una serie de cruces causados por el hombre del Neolítico. En el resto de Europa se seleccionaron y desarrollaron en cambio muy diversas razas de ovejas utilizadas como ganado doméstico. Posteriormente el muflón se ha venido introduciendo en otras zonas de Europa desde mediados del siglo XIX con intereses cinegéticos (v.g., Cugnasse, 200; Feuereisel, 2000; Markov y Penev, 2000).

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Los primeros ejemplares de muflón traídos a España procedían de Córcega y se soltaron en el Coto Nacional de Cazarla en 1954; en la actualidad puede haber unos 6.000 ejemplares.

Los primeros ejemplares traídos a España procedían de Córcega y se soltaron en el Coto Nacional de Cazorla en 1954; en la actualidad puede haber unos 6.000 ejemplares. Desde entonces han proliferado las introducciones en otros muchos cotos y Reservas Nacionales y en cotos privados de caza. En cuanto a la distribución actual de la especie en nuestro país (Rodríguez-Luengo et al., 2002), destacan las poblaciones en la Serranía de Cuenca, con más de 400 ejemplares en la actualidad, en fincas cinegéticas castello-manchegas, Cazorla y norte de Cataluña. En Canarias ha sido introducido en el Parque Nacional de las Cañadas del Teide (Tenerife), en donde seguramente constituye una seria amenaza para la flora endémica; debe haber unos 400 individuos en la actualidad.

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En la actualidad el gamo se encuentra distribuido a lo largo de todo el territorio peninsular español, destacando las poblaciones del noreste, Serranía de Cuenca, Montes de Toledo, Ciudad Real, Sierra de Cazorla, Doñana y Cádiz.

El arruí es la única especie del género Ammotragus cuya distribución original debió abarcar cualquier zona montañosa presente en el norte de África, hasta alcanzar aproximadamente el paralelo 15º (Brentjes, 1980). Probablemente se diferenció durante las últimas etapas glaciales del Paleolítico y, según algunos autores, se trataría de la forma ancestral de las ovejas y cabras modernas (géneros Ovis y Capra), debido a las características morfológicas intermedias y comportamentales poco especializadas que presenta. Su distribución actual en su África natal está poco documentada, presentando una marcada heterogeneidad según las zonas, pero podemos asegurar un fuerte declive generalizado y el riesgo de que algunas poblaciones (seguramente subespecies únicas) lleguen a desaparecer en los próximos años (Alados y Shackleton, 1997; Cassinello, 2002; Wacher et al., 2002).

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En cambio, la distribución del arruí en aquellas zonas en donde se ha introducido con fines cinegéticos y ha conseguido adaptarse con éxito, esencialmente algunos estados del sur de los Estados Unidos y España, ha ido aumentando progresivamente (v.g., Casinello, 1998; 2002), por lo que no sólo no se teme por su viabilidad futura, sino que representa un reto conservacionista por cuanto su capacidad generalista y de adaptación le hace un formidable competidor frente a ungulados autóctonos (Simpson et al., 1978; Cassinello et al., 2006) y una amenaza para la flora endémica (Rodríguez-Piñero y Rodríguez-Luengo, 1992). En Estados Unidos se le puede encontrar en los estados de Californa, Nuevo México y Texas (Gray, 1985), mientras que en España está presente en amplias zonas montañosas del sureste peninsular, con dos focos principales de expansión: Sierra Espuña y las sierras alicantinas de Peñarroya y Aitana (Cassinello et al., 2004).

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El muflón, a pesar de mostrar algunos movimientos estacionales, principalmente entre valles y montañas, suele tener una tendencia sedentaria, con movimientos escasos entre poblaciones por parte de machos, lo que permite el intercambio genético.

La población de Sierra Espuña se originó con la introducción de 36 ejemplares procedentes de zoológicos en 1970. Se tiene constancia de un incremento poblacional anual del 30% en la década que siguió a su introducción. En 1991 se contaba ya con una población cercana a los dos millares, repartidos además por sierras cercanas, tales como la de las Cabras, del Burete y el Gigante (Cassinello, 2000). A pesar de que al año siguiente tuvo lugar una epidemia de sarna sarcóptica (Sarcoptes scabiei) que diezmó considerablemente la población de arruís (González-Candela et al., 2001), la recuperación de la misma fue espectacular, alcanzándose el millar de ejemplares en el año 2000 y aumentando asimismo considerablemente el rango de expansión de la especie. En la actualidad, y siempre haciendo referencia a poblaciones en libertad, no incluidas dentro de cotos de caza acotados, la presencia del arruí en España se circunscribe principalmente al sureste, incluyendo las provincias de Alicante, Albacete, Murcia, Almería, Granada y Jaén (Cassinello et al., 2004).

altLas características ecológicas y comportamentales del arruí le convierten en un competidor potencial de la cabra montés.alt

Existen tres focos que han dado origen a dos poblaciones, las cuales en principio no han llegado a entrar en contacto: la ya comentada suelta de animales en la Sierra de Espuña, y la reciente escapada de animales de dos cotos de caza alicantinos, localizados en las sierras de Peñaroya y Aitana, quizá a comienzos de los años noventa. Asimismo, tenernos noticias de una población libre localizada en la Sierra de Pela (Badajoz), también procedente de un coto de caza, pero de difícil capacidad de expansión dado el aislamiento geográfico de la zona (F. Pérez, com. Pers.). Fuera del ámbito peninsular, fue introducido a comienzos de los años setenta en la Isla de La Palma (Islas Canarias) (Ornistudio, 1992; Cassinello, 2000), en donde representa una amenaza directa para la flora endémica insular (Rodríguez-Piñero y Rodríguez-Luengo, 1992).

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Repercusiones

La presencia de estas especies exóticas en los ecosistemas españoles da lugar a una serie de repercusiones en diferentes ámbitos.

Repercusiones ecológicas

  • Herbivoría sobre plantas protegidas o endémicas. La presencia de ambas especies en las Islas Canarias conlleva un evidente riesgo sobre la flora insular, por lo que urge llevar a cabo estudios de impacto sobre las especies endémicas presentes en las dos islas en donde habitan muflones (Tenerife) y arruís (La Palma).
  • Competencia por los recursos con ungulados autóctonos. Carecemos de datos de campo que nos permitan confirmar este particular, pero los estudios autoecológicos nos indican un alto grado de coincidencias a priori tanto en el uso de recursos (alimentación) como en sus hábitos y distribución. En un principio el muflón, debido a sus hábitos principalmente pastadores (Rodríguez-Luengo et al., 1998; Heroldová y Homolka, 2000), podría representar un competidor de los cérvidos ibéricos: ciervo común (Cervus elaphus), gamo (Dama dama) y corzo (Capreolus capreolus). Tiene tendencia a ocupar zonas de ecotono entre bosque y pradera, con ciertos movimientos estacionales en altitud, por lo que el nivel de competencia dependerá asimismo de la selección de hábitat presente en dichos cérvidos. En cuanto al arruí, sus características ecológicas y comportamentales le convierten en un competidor potencial de la cabra montés.
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    En un principio no hay razones paleontológicas ni biológicas que hagan pensar que el gamo no sólo no alcanzó por sí mismo la Península Ibérica, sino que permaneció en ella tras la retirada de los últimos hielos glaciale, por lo que no deberíamos considerarla una especie exótica.
  • Transmisión de parásitos a especies autóctonas. Recientes estudios preliminares llevados a cabo en poblaciones cautivas de arruí han comprobado la existencia de nuevas especies de nematodos parásitos intestinales (J. Ortiz, com. Pers.). Desconocemos el alcance que la propagación de dichos parásitos puede causar en otras especies de ungulados autóctonos en aquellas zonas en donde convivan en simpatría con poblaciones de arruí, pero el riesgo de que se transmitan enfermedades ajenas a los ecosistemas ibéricos no puede descartarse aún.
  • Expansión descontrolada. Esta repercusión ocasionada por la presencia de especies exóticas ha de asociarse también exclusivamente con el arruí. El muflón, a pesar de mostrar algunos movimientos estacionales, principalmente entre valles y montañas, suele tener una tendencia sedentaria, con movimientos escasos entre poblaciones por parte de machos, lo que permite el intercambio genético: en cambio, las hembras suelen ser filopátricas. En el caso del arruí el panorama es bien distinto. Se han establecido movimientos de expansión considerables en las poblaciones introducidas en los Estados Unidos (Dickinson y Simpson, 1980), así como en las españolas del sureste (Cassinello, 200: Cassinello et al., 2004). Tras establecerse en la Sierra de Espuña, su dispersión alcanzó un radio de ochenta kilómetros a los pocos meses. Cada año se ha ido constatado un avance considerable del área de presencia de la especie en el sureste, por lo que su nivel colonizador, acompañado de una potente tasa reproductiva (alrededor del 30% anual), multiplica considerablemente sus efectos sobre el ecosistema. Sin duda el clima favorable, la baja densidad humana presente en el sureste ibérico y la práctica ausencia de depredadores facilitan el nivel de expansión del arruí en la Península.

Repercusiones ganaderas

  • Riesgo de hibridación con ovejas domésticas. Es el caso exclusivo del muflón, el cual tiene la capacidad de cruzarse sin problemas con el ganado ovino, al tratarse de la misma especie, tal y como, ya se ha comentado anteriormente. Este es un riesgo para el propio ganado, con indeseables resultados híbridos, como para la población de muflón, que podría verse alterada morfológicamente, de tal modo que perdiera su interés cinegético.
  • Competencia por los recursos con el ganado. Tanto muflones como arruís pueden ocupar áreas utilizadas tradicionalmente por el ganado doméstico y los pastores, por lo que su presencia puede originar un conflicto de intereses con la actividad ganadera, particularmente el arruí, con su ya comentado proceso de expansión, hoy por hoy carente de toda monitorización.

Repercusiones sociales

  • Nuevo interés cinegético. Con la introducción de especies exóticas, ajenas a la fauna propia de nuestro país, se ha fomentado el interés, previamente inexistente, por unos nuevos y atractivos trofeos en los aficionados a la caza. Tras el error cometido en dichas introducciones se ha intentado en algún caso corregirlo, como es el caso del arruí en La Palma, dadas las potenciales repercusiones negativas sobre flora y fauna endémicas, sin embargo nos encontramos en la actualidad con intereses encontrados: por un lado el de los cazadores, favorables a la presencia de estos nuevos trofeos, y por otro los ecólogos, que temen por el equilibrio de unos ecosistemas ya de por sí muy dañados por la actividad humana.
  • Conflicto con los intereses de ganaderos y agricultores. Asimismo, la presencia del arruí en tierras murcianas ha despertado intereses encontrados. Tanto ganaderos, por la competencia con el ganado ya comentada, como agricultores, por la presencia continuada de arruís en sus cosechas, han mostrado su malestar por las pérdidas económicas que les ocasiona la presencia de este gran herbívoro en sus tierras. En el caso de los agricultores, de algún modo palian la presencia de los arruís con el vallado de sus tierras, un vallado extra que representa un considerable desembolso económico.
  • Conflicto con los intereses de los conservacionistas. Las introducciones de especies exóticas es la práctica, si no abolida, al menos cada vez menos frecuente, pues los estudios ecológicos han demostrado los claros efectos negativos que originan en el funcionamiento del ecosistema huésped. En el caso de las especies que nos ocupan, es particularmente dañina la presencia de un herbívoro generalista y de gran capacidad expansiva como el arruí. Urge llevar a cabo estudios científicos que corroboren los efectos que está ocasionado sobre el medio, pero indudablemente, su presencia debiera minimizarse al máximo, estas medidas chocan frontalmente con los intereses cinegéticos creados en las zonas en donde han sido introducidos, destacando de nuevo el caso de las Islas Canarias.

¿Ha de ser considerado el gamo especie exótica?

Se trata de un cérvido procedente de Asia que colonizó el continente europeo durante el Paleolítico.

altEl muflón tiene tendencia a ocupar zonas de ecotono entre bosque y pradera, con ciertos movimientos estacionales en altitud.alt

Hay evidencias paleontológicas que indican que sufrió un serio declive poblacional y retroceso en su distribución durante las glaciaciones que tuvieron lugar en aquel tiempo geológico. Se estima que las poblaciones supervivientes quedaron relegadas a las áreas menos afectadas por los hielos perpetuos de la última glaciación (Wurm) hace 10.000 años (Masseti, 1996). Tras la última glaciación, los hábitats predominantes en la Europa meridional eran la estepa forestal y la tundra (Ray y Adams, 2001), siendo el primero óptimo para el establecimiento de un herbívoro como el gamo.

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Sin duda el clima favorable, la baja densidad humana presente en el sureste ibérico y la práctica ausencia de depredadores facilitan el nivel de expansión del arruí en la Península.

Esto querría decir que el gamo permanecía en las zonas más meridionales de Europa hasta que el hombre moderno comenzó a influir en su distribución. Hay constancia histórica de la reintroducción de la especie en todo el continente europeo por parte de fenicios y romanos, muy aficionados a la caza. Asimismo, en la Edad Media se propició la presencia de este cérvido en parques y sitios de caza (Chapman y Chapman, 1975). En la actualidad se encuentra distribuido a lo largo de todo el territorio peninsular español. Destacan las poblaciones del noreste, Serranía de Cuenca, Montes de Toledo, Ciudad Real, Sierra de Cazorla, Doñana y Cádiz (Braza, 2002).
 

 

Sobre el muflón y el arruí en cotos de caza

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1. En primer lugar hay que indicar que el arruí representa una mayor amenaza que el muflón, debido a su tendencia nómada y expansiva, carácter generalista y alta tasa reproductiva. De ahí que haya que actuar con bastante más cautela a la hora de adquirir ejemplares de esta especie para un coto de caza.

2. Desde un punto de vista ecológico y conservacionista no es aconsejable su presencia en cotos de caza por el peligro potencial que representan para la fauna y flora autóctonas.

3. Si están presentes será primordial la acotación de los cotos de caza por medio de vallados cinegéticos infranqueables. En un principio ha de asegurarse que las especies exóticas permanezcan dentro de los límites del acotado. Comparativamente el arruí es más problemático, no sólo por su ya comentada tendencia expansionista, sino además por su capacidad de salto y fortaleza que le permite franquear mallas cinegéticas no suficientemente elevadas y robustas.

4. No debiera permitirse su presencia en áreas de vegetación endémica o de gran valor medioambiental, sí éstas son susceptibles de incorporarse a su dieta. Como prevención, y previo a la realización de estudios finos de la dieta del muflón y el arruí, habría de evitarse su inclusión en cotos localizados en áreas de vegetación de interés para la conservación de la biodiversidad.

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5. Por sus características ecológicas: selección de hábitat, dieta, costumbres... Ambas especies son potenciales competidoras de otros ungulados autóctonos. Esto habrá de tenerse en cuenta a la hora de crear cotos de caza mayor en donde convivan varias especies de ungulados. La prioridad ha de ser la de mantener especies autóctonas frente a las alóctonas.

6. En cotos multiespecíficos se intentará evitar la presencia de especies con similares requerimientos ecológicos. No solamente habría que considerar la competencia exótico vs. nativo, sino también la de aquellas especies que utilicen el mismo nicho. La inclusión en un mismo coto de caza de dos especies primordialmente pastadoras, como el ciervo común y el gamo, puede conllevar una tasa de competencia que origine una disminución en la eficacia de adquisición de recursos por alguna de ellas o por ambas, así como una disminución del éxito
reproductivo de las poblaciones.

7. En cotos multiespecíficos se habrá de controlar la densidad de herbívoros para evitar una presión excesiva sobre la cubierta vegetal. Esta premisa es válida para cualquier tipo de ungulado.

Criterios acerca de la presencia del gamo en cotos de caza

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1. Probablemente habitaba zonas boscosas y prados de la Península Ibérica tras la última glaciación. Los mapas de vegetación de Europa de hace 20.000 años indican la presencia de estepas acompañadas de áreas forestales por la mayor parte del sur del continente, incluida la Península Ibérica (Ray y Adams, 2001); un hábitat en principio idóneo para el mantenimiento de poblaciones de grandes herbívoros, tales como ciervos comunes y gamos.

2. En un principio no hay razones paleontológicas ni biológicas que hagan pensar que el gamo no sólo no alcanzó por sí mismo la Península Ibérica, sino que permaneció en ella tras la retirada de los últimos hielos glaciales. Por lo que no deberíamos considerarla una especie exótica. Futuros estudios interespecíficos podrían aclarar el nivel de competencia y, por tanto, evolución en simpatría o alopatría con otros cérvidos. Si existe un cierto nivel de coevolución y un reparto de los recursos entre ciervos comunes y gamos, se podría defender su convivencia en simpatría durante siglos.

3. Su introducción en cotos de caza puede provocar competencia y desplazamiento del ciervo común y el corzo, por coincidir en el uso del hábitat y dieta.

Publicado el 9 abril 2010 - 0 comentario(s) [ Escribe tus comentarios ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]

De Rocheo

 

 

Gandules

Los humanos tendemos a ser cómodos por naturaleza. De ahí que seamos tan pródigos en inventos. Evidentemente, cuando se inventa para facilitar el movimiento se es más productivo que cuando se hace para evitarlo.

De ahí que la sociedad haya inventado, a su vez, un adjetivo para todos aquellos que evitan el movimiento: gandules. Y, en muchos casos, la mayoría de ellos revisten su inactividad de experiencia: «Para que vas a dar aquello, si yo sé de sobra que no hay nada». De experiencia y de sabiduría se acaba de camuflar las pocas ganas de andar o las muchas de llegar al coche.

Y he ahí que en una de esas situaciones me encontré este tiempo atrás cuando un cliente me encargó que le preparase una montería, en un terreno ciertamente yermo en el que se habían dado algunos ganchitos de dudoso éxito. Varios de los que me acompañan en estos avatares de la caza me decían lo mismo, aquello de que no había nada. Evidentemente, mi experiencia también arropó a mi gandulería y desechamos la posibilidad de dar una montería entre prados, zarzales pequeños y cuatro enebros, entre los cuales, teóricamente, las risqueras acogían los encames de los marranos. El caso es que aquello por fin lo dimos y además dos veces, obteniéndose un coeficiente, como antiguamente se calificaba en la prensa, de 0,45. Es decir, quince cochinos con cuarenta puestos. Del precio no hablamos porque cada postura costó lo que vale un aperitivo de domingo un poco largo.

El motivo de que aquello saliese así no es otro que el que los cochinos no tienen sitio para vivir, se han desplazado las poblaciones y ahora los tenemos en cualquier sitio, al igual que los conejos. Las razones de tal expansión, ¿cuáles son? Aparte de lo que puedan decir los científicos, la gran cantidad de cochinos y conejos que hoy en día pueblan y asolan zonas de nuestra geografía no es otra que la gandulería. Si no se llega con el coche al puesto o al aguardo no nos gusta y si los conejos no salen a tiro de una forma clara, tampoco.

Antes eran pocos los que cazaban y tenían mucho; pero ahora somos casi dos millones y tenemos más. Y somos más gandules porque no leemos un estudio ni medio sobre conejos o cochinos. No nos molestamos en saber nada de dos especies que tenemos ahí, al lado de casa. Nos colocamos en las posturas como el que va a una terraza de verano y cuando llevamos más de tres conejos en la percha ya nos molestan. No queremos andar porque nos pesa la mochila y no tiramos nada más que a los cochinos grandes porque como la carne no va a estar buena nos ahorramos el destripar. Dejando más caza no ayudamos a que haya más; quizá, lo que hagamos sea contribuir a que las enfermedades se propaguen más rápidamente.

Pero eso nos pasa ahora, a los cazadores modernos que usamos percha y mochila, porque antes cuando se usaban talega y zurrón nada pesaba.

Publicado el 8 abril 2010 - 0 comentario(s) [ Escribe tus comentarios ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]

Primero ver, comprobar y luego contratar

Si hablábamos de la situación que viven las juntas directivas de los acotados ante la problemática que implica su gestión en óptimas condiciones, daremos un paso más para conocer lo que significa en realidad la gestión de los cotos y nos daremos cuenta de dónde estamos de verdad inmersos los cazadores en este comienzo de siglo.

 

En los últimos veinticinco años la caza ha cambiado mucho, pues los terrenos, si echamos la vista atrás, se han transformado resultando algunos irreconocibles. Algunos montes se han cerrado casi por completo constituyendo reductos donde el cochino se ha ido apoderando de todo, con lo que las pobres perdices han perdido definitivamente la batalla. También en estos lugares se han asentado importantes poblaciones de predadores, que han tenido su despensa en la generación de recursos que íbamos creando los cazadores con nuestro esfuerzo.

Si estamos pensando en arrendar un coto, antes de pagar os aconsejo tener muy claro donde os metéis y en compañía de quién

Además de lo anterior, muchos pedazos de monte se han eliminado para generar nuevos terrenos de cultivo sin tener presente siquiera que a algunos pobres animales les gustaría anidar en las distintas lindes, que se tendrían que respetar en el momento de pasar el arado.

Los propietarios de las tierras ajenos al raciocinio y al pensamiento de mantener vida, aunque no se sea cazador, buscan una rentabilidad tan exagerada que ya les está pasando factura. El año pasado con la escalada de precios del cereal en el 2007, se produjo un cierto intento de algunos de retener en sus almacenes grandes cantidades de grano, pensando con un criterio, que luego se demostró erróneo, que se produciría una nueva subida insólita en el valor del aquel entonces llamado oro amarillo.

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La realidad fue bastante distinta, y asistimos a momentos en los que no había precio, lo cual generó unas actuaciones por parte de los agricultores de desconcierto en el sector. Este año, con una escalada en los precios de abonos y fitosanitarios de difícil justificación y que han rayado el escándalo, han provocado que muchos profesionales se limiten a echar el grano y poco más.

El campo, acostumbrado a unas buenas dosis de abonos y herbicidas, ha visto cómo las cosechas se han reducido, y además con la ausencia de una lluvias que tenían que haber llegado en su momento en la primavera, han formado un panorama más que mediocre en las cosechas de cebadas y avenas, con unos rendimientos de calidad del grano que no llega ni a la mitad de años normales.

Parece ser que la naturaleza se está rebelando contra el agricultor por su vorágine productiva, a la cual respeto como fuente de ingresos, pero lo que no comparto es la falta de sensibilización con los animales que pueblan sus territorios, pues he de decir que conozco a pocos de estos profesionales que cuando llega la hora de sembrar, por citar un ejemplo, respetan cuarenta centímetros a la cuneta o a un camino. Es más, la mayoría se arrima más de la cuenta a estos espacios, arando y arañando unos centímetros que después serán mortales para las perdices cuando el peine de la cosechadora vaya notando.

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La afluencia de ganado ovino, caprino o vacuno con sus perros un tanto punteros en nuestros arrendamientos y en época de cría, pueden dar al traste con algunos nidos de nuestras deseadas perdices rojas.

El colmo de la desgracia ha llegado de igual forma este año a algunas siembras, que ante la evidencia de falta de altura por una llegada tardía de las lluvias, sus propietarios han decidido segarlas en verde, con el desastre evidente que se habrá producido en todo nido que estaba siendo incubado, sin que nadie por parte de la Administración correspondiente les aconsejara una alternativa más condescendiente con la fauna del entorno.

Pero no me estoy refiriendo solamente a la pérdida del potencial de los huevos, sino a una más profunda, que privará de esperanza la alternativa de una nueva puesta por parte de perdices y codornices o cualquier otra ave que allí anide, porque más de una hembra pagará con su vida el deseo de la procreación y aguantará más de la cuenta la llegada del peine asesino.

Los animales no entienden de cambios de cultivos, de nuestras necesidades de rentabilizar cualquier situación, incluso las desfavorables, rompiendo aquellos principios que ya algunos no se atreven a expresar sobre la sostenibilidad, que se falsea en el campo cada año, pues no se piensa en los que habitan en él.

Retrasar unos pocos días la recolección hasta poder comprobar que el grueso de los bandos de pollos ya está picoteando por los caminos no es tan difícil. Es una tarea de concienciación a realizar por parte de las cabezas pensantes de las administraciones, que pueden tener un reto ante la sociedad para de verdad defender a la naturaleza.

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En algunas zonas el jabalí se ha ido adueñando de todo, con el consecuente daño que ha originado sobre el desarrollo de la población de perdiz.

La cultura del campo se ha contagiado de la proveniente de las urbes, y como si se tratase de especulación inmobiliaria, ha devastado muchas miles de hectáreas donde solamente se pueden ver viñas emparradas impecables sin una sola hierba u olivares que parecen de jardín por la nula vegetación en sus calles. Si seguimos por los cultivos de cereales, nos acercaremos a la expresión de desierto, en pocos días tras el paso de la cosechadora vendrá con nocturnidad la empacadora que dejará al descubierto a todos los que nacieron en aquel paraje, a merced de unas cuantas legiones voladoras que harán su agosto a nuestra costa, porque nadie nos va a resarcir de dichas bajas.

Por eso, tendríamos que haber reaccionado antes dotando al coto de refugios naturales a modo de montones de leña, o agrupaciones de palets que podrán dar un pequeño respiro y sombra para traspasar la barrera del verano.

Resulta muy poco provechoso, si estamos gestionando unos terrenos para la caza, que nuestras actuaciones en el medio no vayan acompañadas con ayudas o al menos con la comprensión de los propietarios de los terrenos, que deben aceptar unas ciertas peticiones que son fundamentales en estos momentos en los que estamos.

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Si os ha sucedido como a un servidor, en que las buenas palabras cuando se firmó el contrato de arrendamiento se las llevó el viento, y os dais cuenta una vez transcurrido el primer año, que la palabra respeto brilla por su ausencia, os aconsejo si es que estáis a tiempo, que no continuéis en un proyecto que tendrá más de amargura que de satisfacción, y de ello hay que huir antes de que se os ocurra ninguna intentona milagrera, que os aseguro que no existe.

El número de parejas de perdices que dejasteis, por ser la especie más complicada de recuperar, debe mostrar sus frutos con un rendimiento tan variable como así lo haya sido la situación agrícola, lo que no es de recibo. Resulta inadmisible que tengáis la mitad de los pájaros que dejasteis de madre al finalizar enero.

Algo ha sucedido y si os habréis dado cuenta ya a lo largo de junio, deberíais notar ciertos desarreglos en vuestro coto. Por desgracia, en algunas fincas cargadas de cereales tempraneros como cebadas, los números de las poblaciones cinegéticas van a asomar tan rápido como la decisión que no debéis tardar en tomar, si no queréis hacerle el juego a los que no respetaron unas mínimas reglas de convivencia.

Por eso, soy de los que pienso que los pagos se deben realizar en julio en aquellos sitios donde hay dudas en el respeto de lo pactado, por eso es tan importante conseguir que los propietarios o arrendatarios de las tierras se involucren con nosotros en el proyecto de la caza.

En cambio, si vuestra contribución a las arcas de los propietarios es a ciegas, es muy probable que año tras año se vaya apoderando de los socios esa sensación de salir huyendo cuando se arribe el mes de enero, y se busquen otro lugar de esparcimiento de forma comprensible, donde la esperanza al menos pueda alentarles.

Otra cuestión que debemos contemplar y que en ocasiones nos sorprende, es la afluencia de ganado ovino, caprino o vacuno con sus perros un tanto punteros en nuestros arrendamientos y en época de cría, que pueden dar al traste con algunos nidos de nuestras deseadas perdices rojas, si el pastoreo se hace como es costumbre actual y el volumen de cabezas es excesivo, que dicho sea de paso nadie controla.

alt Resulta muy poco provechoso que nuestras actuaciones en el medio no vayan acompañadas con ayudas o al menos con la comprensión de los propietarios de los terrenos.

Por todo lo anterior, si estamos pensando en arrendar un coto, antes de pagar os aconsejo tener muy claro donde os metéis y en compañía de quién, porque ante todo el espíritu y el concepto de la caza del grupo debe ir en la misma dirección, dejando muy claro desde el principio las normas que deben mantenerse inalterables para toda la campaña cinegética. Ahora bien, se pueden adoptar restricciones si la ocasión así lo requiere, pero siempre también contando con la comprensión de los arrendatarios que deben entender en forma económica, que si decidimos no cazar, no deberíamos pagar la totalidad de importe del contrato.

Pocas dudas debemos tener a la hora de contratar este mes, pues a poco que nos preocupemos en dar alguna vuelta por los caminos, pronto tendremos la sensación de saber dónde estamos, y si encima también disponemos de la ocasión de conocer al resto de nuestros posibles compañeros de territorio, tendremos mucho camino andado a la hora de tomar la decisión final.

Publicado el 8 abril 2010 - 0 comentario(s) [ Escribe tus comentarios ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]

La urraca, un escurridizo objetivo

Para la mayoría de cazadores la urraca no es una presa al uso a la que brindarle una atención especial en la cinegética nuestra de cada día. Este paseriforme gregario y oportunista no es un estimado trofeo con el que medir el tiro ni un manjar exquisito que contente al menos exigente de los paladares.

 

Más bien, la picaza está considerada como un enemigo al que combatir o al menos controlar y poco más, sin embargo, para los cetreros de todos los tiempos, la picaraza ha supuesto y supone uno de los más escurridizos objetivos con el que enfrentarnos, uno de los rivales más duros, ágiles e inteligentes con los que se puede medir un ave de presa.

Un peregrino picacero bien entrenado puede dar caza a dos o tres urracas diarias, lo que podría suponer un método de control de córvidos muy efectivo

La urraca, blanca, marica, picaza o picaraza es uno de los córvidos más pequeños que viven en nuestros campos, habitando desde el corazón de las grandes ciudades hasta cualquier otro ecosistema de los que tapizan la piel de toro, a excepción de las más altas cotas de las montañas donde parte de su protagonismo ecológico es usurpado por sus enlutadas parientes, chovas y grajillas, y de los más escondidos bosques donde suele reinar el polícromo arrendajo.

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La urraca es un superviviente nato, un oportunista de la más alta escuela. Prolifera a expensas de los residuos humanos, de sus productos agrícolas y desechos ganaderos y cumple corno un depredador de primera línea, ante un dilatado listado de especies de insectos, micromamíferos, anfibios, reptiles y aves, lo que la ha llevado a ser perseguida y odiada por la mayor parte del colectivo de afectados. Esta secular y continuada persecución ha hecho de la picaza un ser alerta y avisado, inteligente y ladino, que ha aprendido cuando el ser humano está en son de paz y es susceptible de ser parasitado y cuando pretende cobrarse su pellejo y llega la hora de poner tierra (o cielo) de por medio.

Por tanto, los cetreros nos enfrentamos a uno de los más complicados enemigos, que a esta astucia y suspicacia une muchas veces la defensa en grupo, la fuerza de un pico y unas garras capaces de disuadir a más de uno de nuestros colaboradores alados y una agilidad endiablada que suele exhibir sin tapujos en cada uno de los lances.

Las aves

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Son muchas las aves de cetrería capaces de dar caza a la blanquinegra, pero hoy nos vamos a centrar en las especies de alto vuelo. Entre los mejores halcones para la caza de urracas destacan los peregrinos, borníes y aplomados, aunque no es descartable el intentarlo con otras especies como sacres, lagares e incluso con sus híbridos. Los mejores que he conocido han sido siempre peregrinos, tanto torzuelos como primas. El único requisito es una musculación a toda prueba para resistir los quiebros, fintas y regateos de la colilarga picaza.

Los perros

Seguramente sea esta variante cetrera una de las que menos utilice a los perros, ya que la urraca no precisa de los mismos, por regla general, para ser desalojada de su escondite, aunque se conocen algunos casos de excelentes canes picaceros capaces de ventear entre el pasto a las picarazas ocultas recién acuchilladas y de levantarlas a la orden del halconero en el momento más propicio para el peregrino. Anécdotas aparte, dejaremos a los mejores amigos del hombre para auxiliarnos en otros menesteres y nos dedicaremos exclusivamente al buen entrenamiento de las aves de presa.

El medio

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Para cazar urracas con halcones se requiere idealmente un terreno mixto, en el que predominen los grandes claros donde realizar y finalizar los lances, intercalados o festoneados por ribazos trastejables, árboles o arbustos dispersos, en los que las urracas se puedan esconder del ataque de los halcones para permitirnos realizar vuelos posteriores. Si el terreno fuese muy abierto, las picarazas no se encerrarían en mata alguna, limitándose a huir hasta la extenuación sin darnos ninguna opción a rematar con eficacia un solo lance. Si por el contrario, el cazadero fuese muy cerrado, los lances de alto vuelo no serían muy viables por carecer de zonas abiertas donde rematar la cacería.

Un llano adehesado podría convertirse en el escenario ideal para practicar esta divertida modalidad.

El entrenamiento

Si pudiéramos tener manso y musculado a nuestro halcón para mediados de junio, todo sería más sencillo. Bastaría con soltarle uno o dos escapes de urraca en días alternos antes de buscar un lance sencillo con jóvenes igualonas recién salidas de los nidos. Después todo vendría rodado, en cada jornada nuestro halcón tendría más fe y más alas, a la par que las volantonas se irían curtiendo progresivamente con el avance de las fechas, hasta llegar al núcleo del verano con toda plenitud, tanto presas como predadores, realizando capturas de lo más espectacular ya en las puertas del otoño.

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De no llegar a tiempo a bregar con los pollos, será conveniente reforzar con vuelos al señuelo. Sirven perfectamente las pasadas al cimbel incrementadas progresivamente, las tiras kilométricas o a la cometa. El objetivo es lograr halcones atletas, infatigables y perseverantes, capaces de superar con la forma más óptima las decepciones de los primeros fracasos con la caza real. Antes de verlos frustrados y desalentados tras marrar varios regates, sería conveniente premiarlos con algún escape, hecho con mucho disimulo, pero sin abusar de ellos, pues en caso contrario pronto aprenderían a distinguir las maricas camperas de las del morral y fomentaríamos su falta de entrega en los lances. Convendría llevar una de estas urracas siempre preparada durante la primera temporada de nuestros pájaros, con el fin de premiarlos ante un lance bien trabajado en el que la protagonista logró escabullirse en el último momento en la hura de un conejo, en un muro de piedra, en un majano, etc.

La caza

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Existen distintos modos de  cazar a las urracas con halcones: el primero es lanzando a vista, a urraca levantada. Cuando avistamos una o varias picazas a lance, quitamos la caperuza al halcón o a los halcones y los lanzamos directamente en su persecución. Lo normal es un acoso reñido que termina en la primera defensa posible, a veces un árbol, un matorral, un simple poste o un triste ribazo. Allí algunos halcones esperan penduleando en el viento y otros suspendidos en concéntricos tornos, los más esperando el desalojo a baja altura y algunos otros trepando al azul como en diferentes vuelos de altanería. Llegado el cetrero y sus ayudantes al improvisado escondite de la presa, el objetivo se centra en desalojarla por todos los medios (voces, gestos, bastonazos o pedradas) en dirección al claro más abierto en el peor momento posible para ella que es cuando el halcón está a punto de sobrepasar la cerrada defensa con el viento en cola. Casi nunca sale bien, la urraca sale anticipada o retrasa su desalojo hasta que el halcón se ha pasado viento abajo, aprovechando las décimas de segundo para huir pico a viento hacia otra herida. Otras veces, asoma un instante sus alas en el claro precipitando el ataque del halcón para volverse ipso facto con alevosía a la seguridad de la defensa primitiva, saliendo de nuevo con el halcón ya burlado y sin altura para alejarse entre sarcásticas risotadas de triunfo. Los ataques pueden sucederse de este modo y encadenarse hasta la extenuación, terminar en trabajada captura en una de las mortales acometidas de nuestros pájaros o acabar con la urraca escurrida en el perdedero maldiciendo en su indescifrable lenguaje de pájaro nuestras malévolas intenciones. Aguantar ese ritmo de caza, correr y auxiliar a nuestros pájaros cada vez que encierran a las blanquinegras dueñas de nuestro sinvivir en una nueva herida, requiere una forma física y una capacidad de sacrificio por parte del cetrero que se ha de asemejar fielmente a la de los halcones picaceros que habitualmente nos sobrevuelan. No todos los halconeros sirven para estos vuelos de total entrega, en los que nos dejamos la piel y los pulmones en cada interminable lance, es preciso estar hecho de una materia especial que se pule día a día con constancia, sacrificio y una buena dosis de ilusión.

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Pero las urracas también pueden cazarse por la más pura altanería, dejando a los halcones evolucionar en el aire, sin ver su presa en ningún momento, hasta que se sitúan en altas cotas. Tras montar a una altura considerable, las urracas se desalojan en el mejor momento para el halcón y la maravilla de los picados vuelve a aparecer, la mayor velocidad del planeta envuelta en plumas de seda buscando el ágil y escurridizo cuerpo de las reinas del quiebro, todo un desafío, que unas veces acaba en frustración y otras en júbilo y gozo. Es tan dura de cazar la urraca que muchas veces requiere para su captura el concurso de una copla de halcones, una entrenada y compenetrada pareja que en ataques combinados logran culminar con éxito tan difícil objetivo. Es de las pocas especies que exige aunar y sumar la velocidad de un par de buenos peregrinos para dar con su enlutado pellejo, eso nos da una ligera idea del rival tan especial que nos aguarda cada nuevo día en el campo. Si bien es cierto que un peregrino picacero bien entrenado puede dar caza en terreno apropiado a dos o tres urracas diarias, lo que podría suponer un método de control de córvidos muy efectivo para tener en cuenta en buena parte de nuestros acotados.

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Ansares en las marismas del Guadalquivir

esta modalidad de caza de la que seguramente algunos de ustedes habrán oído hablar e incluso habrán practicado en alguna ocasión, pero que no suele ser demasiado conocida.

 

Desgraciadamente, y por diferentes motivos que iré desgranando, su práctica es cada vez más reducida y a buen seguro dentro de algunas generaciones es posible que sólo sea un recuerdo más, como tantas y tantas otras modalidades cinegéticas de nuestro país.

La caza del ganso o ánsar común, como mejor por aquí se le conoce, tenía una gran tradición y un elevado número de practicantes entre las poblaciones limítrofes a las marismas de la desembocadura del río Guadalquivir, en todo el entorno del Parque Nacional de Doñana. En mi ciudad concretamente, Sanlúcar de Barrameda, quizás fuese la modalidad que mayor número de aficionados concentraba.

Su caza antaño tenía un fin más bien lucrativo que lúdico, pues eran muchas las personas que se sacaban por esas fechas un dinerillo extra con la venta de los ejemplares cazados

Con la llegada de los fríos, entre octubre y noviembre, miles de gansos, agrupados en esas peculiares bandadas en forma de uve, aterrizaban en las inundadas marismas de Doñana y su entorno. Llegaban huyendo del frío del norte de Europa en busca de alimento; su preferido, el fruto de la castañuela, una especie de gramínea que nace en los humedales marismeños y por cuya raíz o rizoma se vuelven locas estas aves. Lógicamente tampoco desprecian los arrozales segados o los trigales recién nacidos, para desesperación de los sufridos agricultores.

Su caza antaño tenía un fin más bien lucrativo que lúdico, pues eran muchas las personas que se sacaban por esas fechas un dinerillo extra con la venta de los ejemplares cazados. Recuerdo perfectamente cómo iban por los bares, mercado de abastos y calles pregonando su venta.

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Quizás lo que más destacaba era la dificultad y dureza su caza, y por supuesto la experiencia del cazador y su buen hacer eran fundamentales para el éxito final. Lo habitual era usar reclamos vivos para atraer a los ejemplares silvestres. Hoy día, al menos de momento, este sistema no se puede emplear debido a la prohibición de usar reclamos vivos como consecuencia de la gripe aviar.

Cada fin de semana, normalmente la madrugada del viernes al sábado, cientos de cazadores partían con los maleteros de sus coches o remolques atestados de gansos domésticos hacia las marismas que circundan Doñana. La zona conocida como Isla del Arroz (Villafranco del Guadalquivir), era el punto de destino de la mayoría, aunque recuerdo otros maravillosos cazaderos como Los Caracoles o el Encerrado Garrido.

Al llegar al campo, normalmente dos o tres horas antes de las primeras luces del alba, comenzaba el trabajo duro. No era extraño que el lugar elegido para instalar el puesto y colocar los reclamos se encontrase a tres o cuatro kilómetros a pie, por un terreno normalmente inundado con cuarenta o cincuenta centímetros de agua y barro hasta las rodillas. Al esfuerzo que ya de por sí suponía caminar por una superficie así, había que añadir el peso de los reclamos, normalmente 6 pájaros o más por cazador, a una media de cuatro o cinco kilos de peso cada uno; la escopeta, los cartuchos y algunas viandas para acallar el estómago a media mañana después de semejante esfuerzo.

Con las primeras luces del día asomando por el horizonte comenzaban a sonar en la distancia el típico trompeteo de estos pájaros

Una vez llegado al lugar elegido, la temperatura a esa hora, cercana a los cero grados (por arriba o por debajo), no se correspondía con el sudar copioso de los jadeantes cazadores. Pero no terminaba aquí el duro esfuerzo, ni mucho menos. Primero había que colocar los reclamos. Cada cazador conocía a la perfección a todos y cada uno de sus pájaros, incluso en la oscuridad de esa hora era capaz de diferenciarlos unos de otros. Según el carácter de cada uno y su forma de reclamar iban colocándolos sobre el terreno de forma estratégica. Mediante una cuerda atada a una anilla en la pata de los reclamos y una estaquilla de madera, se iban colocando alrededor de lo que sería el puesto.

Una vez ubicada la tropa había que fabricar el puesto. En una zona tan abierta y llana como la marisma o los arrozales, la única forma posible de camuflarse era evidentemente bajo tierra, o mejor dicho, bajo barro y agua. Con palas se cavaban unos agujeros de la profundidad y ancho suficientes para ocultar a un hombre agachado, de rodillas o sentado en un pequeño banquillo. El primer barro extraído se iba amontonando alrededor del agujero, para evitar así la continua entrada de agua, el resto del barro, hasta lograr el tamaño deseado, había que esparcirlo por los alrededores, sin hacer montones que sobresaliesen por encima de las someras aguas y pudiesen provocar el recelo de los astutos ánsares. Normalmente se construían dos hoyos, de forma que el puesto quedaba integrado por dos tiradores. Para terminar se colocaba alguna vegetación de la zona alrededor de los socavones: almajo, si se estaba en la marisma, o paja de arroz, si el cazadero era un arrozal recientemente segado.

Con las primeras luces del día asomando por el horizonte comenzaban a sonar en la distancia el típico trompeteo de estos pájaros. Los reclamos, acostumbrados a su trabajo, no tardaban en contestar, estableciéndose entre unos y otros una escandalosa conversación. Pronto llegaban las primeras bandadas que comenzaban a volar en círculo a una distancia prudente de reclamos y cazadores. En esos momentos era crucial la quietud, incluso más importante que el silencio, pues estas aves tienen muchísimo más desarrollado el sentido de la vista que el del oído.

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Poco a poco, y si nada les advertía del peligro, comenzaban a acercarse. Los reclamos con los cuellos estirados al cielo y sin parar de graznar, los silvestres respondiendo a la llamada y planeando en dirección a sus congéneres domésticos. Os puedo asegurar que es verdaderamente alucinante ver a esos mastodontes del aire planeando hacia el cazador con el tren de aterrizaje ya desplegado; la boca se te queda seca, se te eriza el vello y los nervios amenazan con dejarte bloqueado en el momento clave.

Normalmente, el cazador más experimentado de los dos que integraban el puesto daba la voz de fuego cuando apreciaba la distancia idónea para el tiro; una buena fórmula consistía en esperar hasta poder distinguir con claridad los ojos de los pájaros. A la voz de ya ambos tiradores se incorporaban en sus agujeros y comenzaba el tiroteo ante la rápida reacción de huida de las asombradas aves. Al neófito podrá parecerle bastante sencillo el disparo a un pájaro de 4 ó 5 kilos de peso y más de un metro de envergadura a una distancia de apenas ocho o diez, pero os puedo asegurar que sin la suficiente experiencia y aplomo, era bastante fácil errar el tiro. También debe tenerse en cuenta que, en contra de lo que pueda parecer, un ánsar es capaz en dos o tres aleteos de colocarse en un suspiro a más de 30 metros, distancia a la que ni siquiera el perdigón del 3 o del 4 que se solía usar, será capaz de perforar el grueso pelaje y la dura piel de estos pájaros. Además, no se trataba sólo de acertar un pájaro, sino que se consideraba casi un fracaso no acertar todos o casi todos los disparos: dos si se tiraba con paralela, o tres o cuatro (cuando no había limitación de carga) si era con semiautomática.

El cobro debía realizarse rápido, pues otras bandadas se perfilaban por el horizonte. Como ya he dicho, el ánsar es un pájaro bastante desconfiado y astuto, raramente entrará a tiro de un cazador al descubierto y ver a varios de su especie panza arriba, flotando en el agua, no es precisamente algo que les atraiga. Así pues, los ejemplares abatidos debían ser ocultados cuanto antes, o bien colocados boca abajo, con la cabeza pegada a la pechuga y el pico clavado en el barro, a fin de simular que nadaban buscando comida en el fondo.

La jornada solía alargarse hasta bien entrado el mediodía, mientras los ánsares siguiesen entrando a los reclamos los cazadores permanecían en el puesto, tanto esfuerzo inicial debía ser bien amortizado.

Los cazadores más modestos, normalmente jornaleros del campo inactivos durante los meses invernales, encontraban en este tipo de caza una fuente de ingresos con los que ir tirando en casa por estas fechas. Entre ellos el aspecto lúdico-deportivo de la caza pasaba a un segundo plano y por ello solían rentabilizar al máximo sus tiradas. Rara vez solían disparar a los gansos en vuelo, preferían esperar a que se posasen a corta distancia de los reclamos y con infinita paciencia y aplomo intentaban igualar en la misma línea de tiro los largos cuellos de varios ejemplares, de tal manera que de un solo disparo podían abatir tres, cuatro o hasta cinco gansos a la vez.

Pero por desgracia, esta fascinante modalidad de caza parece tener los días contados.

Una vez finalizada la jornada, vuelta al trabajo: ahora no sólo debían cargar de vuelta con los reclamos, sino con las piezas abatidas, que en una buena jornada podían pasar fácilmente del centenar. Aún permanece fija en mi retina, y eso que era muy niño aún, esos hombres caminando pesadamente por el barro de la marisma inundada, con los sacos al hombro de los reclamos, la escopeta y un largo cordel tras ellos con todos los gansos cobrados atados y semi-flotando por el agua. Esta era la forma menos costosa de llevar a tierra firme la cacería, aunque os puedo asegurar que tirar de cincuenta o sesenta gansos, aunque fuesen flotando, costaba lo suyo.

La mayoría de cazadores pernoctaban todo el fin de semana en la marisma, a fin de realizar dos tiradas. Muchos aprovechaban la tarde noche para cazar patos al caer, como aquí le llamamos, que consiste en tirarlos a la hora del crepúsculo, momento en que suelen desplazarse a los comederos, pues si bien el ganso es un ave netamente diurna, la mayoría de especies de ánades (reales, patos cuchara, cercetas, rabudos, silbones…) son mucho más activas durante la noche que el día.

Otras zonas en las que también era tradicional realizar tiradas de ánsares, eran las inmensas dunas de arena de Doñana, aunque estos cazaderos quedaban reservados a unos cuantos privilegiados. El ganso, para digerir la dura castañuela, debe ingerir ingentes cantidades de arena y ésta la tenían de sobras en el corazón del Parque Nacional de Doñana, en los conocidos Cerro de los Ánsares o Cerro del Trigo.

Hasta el año 1983 estaba permitida la caza en el interior del Parque, aunque como ya he dicho, su práctica quedaba reservada a unos pocos bien relacionados con las altas esferas de la política. Todos los días, al amanecer, miles y miles de estas aves se concentran en estas dunas de rubia arena procedentes de sus cuarteles marismeños. Yo he tenido la ocasión de presenciar este espectáculo varias veces y os puedo asegurar que no hay nada comparable: bandadas y más bandadas de ánsares, con un griterío ensordecedor, van poblando en cuestión de minutos toda esa inmensidad de arena blanca. Miles de aves cubren en no más de 15 ó 20 minutos una enorme superficie dunar, hasta el punto que casi es imposible poder ver un palmo de arena.

En esos lugares, los guardas preparaban los días previos a la cacería los aguardos, también cavados en la arena, aunque esta vez sin agua ni barro. Aún de noche llegaban los cazadores a caballo, o en aquellos antiguos Land Rover’s. Sólo tenían que apearse, coger la escopeta y ocultarse en el hoyo a la espera de los ánsares.

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Os podréis imaginar la cantidad de disparos que en apenas una hora podían realizar. Tantos tiros se han pegado en esos cerros que dicen que aún hoy es fácil encontrar plomo entre la arena. Tras la cacería, vuelta al caballo o al coche y al Palacio de Marismillas o al de Doñana, a disfrutar de un opíparo almuerzo; mientras los guardas y algunos chavales de la zona buscando la propina, se dedicaban a recoger la cacería y trasladarla a Palacio mediante caballos o mulas.

Pero por desgracia, esta fascinante modalidad de caza parece tener los días contados. Muchas son las causas posibles de su declive, pero no se lleven a engaño, el número de gansos que cada año nos visita no se ha visto apenas reducido en estas últimas temporadas. Y si lo ha hecho sensiblemente, desde luego no podemos achacarlo a la caza.

Llevamos ya varios años en los que se mantiene, incomprensiblemente, la prohibición del uso de reclamos vivos. En nuestro país apenas ha tenido incidencia la gripe aviar y desde luego hace ya años que no se detectan nuevos casos de animales contaminados. No es lógico por tanto el mantenimiento de esa prohibición ¿Es una excusa quizás para acabar para siempre con esta tradicional forma de caza? Sin reclamos vivos, la caza del ganso no tiene sentido, es inviable y desde luego casi impracticable.

Como ya he relatado con anterioridad, esta modalidad de caza es de una dureza extrema. Los restrictivos cupos establecidos en los últimos 10 ó 15 años no invitan desde luego al cazador modesto a semejante esfuerzo. Y por el contrario ¿han servido esos cupos para aumentar de forma significativa la población de gansos que cada año nos visita? Desde luego que no, siguen viniendo los mismos o quizás menos, que cuando se cazaban un mil por mil más que ahora.

La expansión de las zonas de especial protección dentro del Espacio Natural de Doñana, en las que se ha prohibido tajantemente cualquier tipo de actividad cinegética es otro factor a tener en cuenta. Los ánsares tienen espacio suficiente y comida de sobras sin tener que exponerse más allá de los límites del Parque.

Quizás se me escapen otros motivos, otras razones, otros argumentos más allá de los que un humilde aficionado a la caza sea capaz de comprender. Es posible que los ilustrados técnicos medioambientales que establecen estas normas y los ecologistas de despachos que los asesoran, estén convencidos de hacer lo mejor por nuestro medioambiente. Nosotros sabemos que nos es así, pero ellos mandan y nosotros, mientras no seamos conscientes de nuestra verdadera posición, seguiremos agachando la cabeza ante tantos y tantos atropellos. Afortunadamente lo que jamás conseguirán será borrar de nuestras memorias esas inolvidables jornadas de caza.

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El galgo y la liebre, un batallar de siglos

Ningún inglés vale tanto como un español, el galgo hispano es la respuesta ecológica a la liebre, pieza sobre cuya caza se ha articulado todo el desarrollo histórico de la raza, circunstancias que le han convertido en la mejor elección para cazar en aquellas topografías donde la llanura se impone.

 

El galgo español es un perro campero y fondista, dotado de fabulosos pulmones y músculos para correr, al que también se conoce como galgo castellano. Su difusión es relativamente amplia, pues lo encontramos en Castilla y León, la meseta norte, en casi todas sus provincias (Zamora, Ávila, Salamanca, Valladolid, Palencia, Soria, Burgos y Segovia) y en la meseta sur en Cuenca, Madrid, Toledo, Ciudad Real y Albacete. También en Extremadura y las provincias andaluzas de Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva, provincias que cuentan con una orografía de grandes  llanuras, donde vive y cría la liebre.

Las primeras sueltas a la liebre en el campo deben terminar siempre con el triunfo del perro, de lo contrario el animal se desmoraliza

Si pasamos la mirada por las tierras que fueron la cuna del galgo, si tenemos en cuenta que el galgo español ha sido utilizado casi exclusivamente para la caza de la liebre en amplios y semiáridos campos abiertos, comprendemos que la morfología que le caracteriza tiene toda su razón de ser.

El perro

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Es un animal de estructura sublonguilínea: diámetro longitudinal brevemente superior a la alzada a la cruz, con el vientre muy retraído, la cola larga y bien aplomada y paquetes musculares bien desarrollados, principalmente en el tren trasero. Su pelo es corto y fino. Con una alzada en los machos de 62 a 70 cm y en las hembras de 60 a 68. Se admite sobre la alzada un margen de 2 cm para ejemplares. Deben buscarse la proporcionalidad y la armonía funcional, tanto en estática como en movimiento. El galgo español es un perro grande, poderoso, de pecho plano y amplio desarrollo, que le permite una perfecta oxigenación de la sangre cuando su organismo se ve sometido a esfuerzos máximos. La línea dorsal nos recuerda a un arco tensado, con una musculatura impresionante.

Nos encontramos ante un fondista puro, un perro campero que reúne todas las condiciones para el ejercicio continuado sin menoscabo de sus fuerzas. Cuando vemos a los galgos realizar una carrera nos da la sensación de que lo hacen con suma facilidad, como si estando en plena forma física no les costase ningún esfuerzo. Esta sensación nace porque su capacidad motriz y su resistencia son muy superiores a la de la media de las razas caninas.

Su comportamiento

El genuino español tiene un comportamiento muy peculiar, que lo diferencia de otros galgos europeos. De temperamento algo frío y poco expresivo, va ganando en entusiasmo a medida que se desarrolla la persecución. Inicialmente nos da la sensación de que la raza carece del ardor cinegético de otros lebreles, pues es un perro frío, que en persecución de la liebre en el campo se arranca lento en la salida y así se mantiene en el primer tercio de la carrera. A media carrera el galgo se ha calentado, empieza a dar lo mejor de sí mismo y a sorprendernos con unas condiciones físicas propias de un atleta, pero cuando realmente aparece el genio que lleva dentro en el tercio final de la carrera, incansable a la zaga de la liebre, pisándole los talones en cada revuelta, frenazo y zigzag de la rabona, enfilándola como una centella en las rectas largas y mostrando que posee un coraje y tesón para aguantar más allá de sus propias fuerzas, que no pueden sino causar admiración. A diferencia de otros lebreles, son muchos los galgos que cobran perfectamente.

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La carrera del galgo ha creado un vocabulario propio, señal de la viveza popular que mantiene la afición y así tenemos expresiones como la guiñada, cuando la liebre se desvía de forma más o menos acusada de la línea que seguía, lo que repercute en el galgo, que se ve obligado a cambiar de rumbo y en ocasiones sitúa en cabeza a uno que iba detrás. Puntero, así se llama al galgo que corre más próximo a la liebre. Parada, acción que realiza la liebre instantes antes de efectuar un cambio de dirección en la carrera para burlar a sus perseguidores. Pase, cuando un galgo adelante a otro corriendo en línea recta. Empalme, cuando los galgos han cogido a una liebre y en las proximidades salta otra, entonces los perros abandonan la muerte para correr tras la recién aparecida. Desbarro, el deslizamiento semilateral del galgo para cambiar de dirección y al tiempo guardar el equilibrio cuando la liebre efectuó un cambio brusco en la dirección de su carrera.

Los cuidados

Entre el galgo español y el galgo inglés existe un origen común y un posible aporte de sangre del nuestro al otro en el pasado

El galgo es animal de carácter altivo, seguro de sí mismo, muy agresivo y al tiempo cariñoso con sus amos. En los perros de competición debe cuidarse el temperamento, de modo que los perros huraños o muy nerviosos sean descartados y, desde luego, apartados de la reproducción. Esto no quiere decir que se tengan que seleccionar perros sumisos o zalameros, pues ese tampoco es el temperamento adecuado de los lebreles, cazadores de notoria ferocidad, pero sí que se ha de buscar el equilibrio y sobre todo perros que sean controlables con facilidad.

La fijación por la caza se puede ver desde que son cachorros, basta con arrastrar una piel de liebre, atada con una cuerda, delante de la camada de los perrillos de pocas semanas. Todos deben salir en persecución de la falsa pieza, intentando morderla, sin entretenerse en peleas, ni desviarse del objetivo mordiendo a los hermanos. Esta sencilla prueba nos facilita conocer mejor las reacciones de los galgos que hemos criado.

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El galgo está ampliamente desplegado en provincias que cuentan con grandes llanuras donde vive la liebre, a saber Castilla y león, Castilla-La Mancha, Extremadura y provincias andaluzas como Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva.

Para mantenerse en forma el galgo necesita de largos paseos todo el año, sea temporada de caza o no, este entrenamiento físico, largos paseos y carreras moderadas, configuran el carácter atlético del animal. Todo entrenamiento de perros jóvenes debe ir dirigido a fortalecer los músculos y huesos, a desarrollar la capacidad pulmonar y, en definitiva, a conseguir un perro de mucho fondo. Tras el ejercicio diario es bueno someter al animal a un masaje cuidadoso que elimine la grasa superflua de las masas musculares.

Cuidado con dejar que los galgos jóvenes corran liebres si no tienen posibilidad de cazarlas, las primeras sueltas a la liebre en el campo deben terminar siempre con el triunfo del perro, de lo contrario el animal asume que son inalcanzables, se desmoraliza y coge el vicio de no emplearse a fondo tras ellas.

No está de más recordar que el buen éxito de un perro está sustentado tanto en ejercicio como en una buena alimentación. Es preciso desterrar tópicos, como ese de que los mejores galgos sólo comen pan duro y ofrecerle al animal una alimentación rica en proteínas. Durante la temporada de carreras la dieta debe enriquecerse notablemente.

Los ingleses y su cruce

No es fácil distinguir el galgo español de su pariente inglés y para hacerlo hay que tener muy presente el patrón racial de nuestro galgo y haber podido comparar muchos ejemplares de una y otra raza.

Los principales rasgos que diferencian a la raza española son la cabeza, de cráneo más estrecho con ausencia de arco cigomático; las orejas más largas, los pies más alargados y con marca pisada de liebre; la línea dorsal más recta; la caja torácica con un costillar menos arqueado que el inglés; el estómago que se recoge gradualmente en el español y de modo violento en el inglés y fundamentalmente los músculos, que deben ser largos, típicos de un fondista en el español y no los redondos del velocista como en el inglés.

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Y ésta es precisamente la virtud del galgo inglés, la velocidad, que no la resistencia, y eso le ha valido su entrada y carta de naturaleza en los cazaderos hispanos, cuando alambradas y cercos redujeron la amplitud de los cazaderos. El galgo español es un gran fondista con poca velocidad de salida, el galgo inglés se despega en la salida pero no tiene suficiente fondo y es demasiado pesado para la brava liebre hispana. Como el cazador español es hombre de iniciativas y poco dado a acomodarse con lo que hay, pronto intuyó que el cruce entre ambas razas podía suponer lo mejor de los dos mundos. Tras cruces y recruces la conclusión es que un galgo con un 25 por ciento de sangre inglesa y un 75 por ciento de española rinde adecuadamente en la mayoría de los cazaderos.

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Nosler Partition, una punta con historia

En la década de los años 1940 en los EE.UU. sólo se conseguían municiones de caza de un rendimiento estándar, ya que las puntas se fabricaban de la manera tradicional, con una envuelta de aleaciones de metal y un núcleo de plomo.

 

A pesar de que se comportaban bien en estos patrones, cuando de popularizaron los magnum como.300 Holland & Holland, las municiones de este calibre, llevaban las mismas puntas que las del .30-06 Springfield, las cuales actuaban correctamente en las piezas de caza cuando eran lanzadas a las velocidades de este cartucho de linaje militar, pero al hacerlo con más celeridad y contra animales pesados como los ciervos cola blanca muchas veces estallaban sin penetrar lo necesario. Eso fue lo que le sucedió a John Nosler, un americano que estaba cazando alces con un rifle magnum de moda en la época (1946) con munición convencional con un resultado desastroso, ya que se desintegraban al tocar huesos sin llegar a los órganos vitales.

La punta Partition tuvo una pronta aceptación en el inmenso mercado americano pese a que las primeras no eran de mucha precisión y muy caras por cómo estaban fabricadas

En su viaje de regreso a su casa, mientras conducía, discutía con su compañero de cacerías Clarence Purdie si se podían mejorar las puntas convencionales con una de mejor diseño. Transcurrió un año de investigaciones y de pruebas hasta que al siguiente se logró desarrollar una punta revolucionaria, ya que para su construcción se partía de un cilindro de metal de aleaciones de cobre a las que, mediante perforaciones en ambos extremos se las ahuecaban, la separación que quedaba entre ambas cavidades eran posteriormente llenadas con plomo. La finalidad de este complicado diseño era lograr que la parte anterior del proyectil expandiera al chocar contra el cuerpo de los animales pero conservando siempre el núcleo inferior, el cual, al ser de compartimientos separados le aseguraba una retención de peso del 60%, por lo que siempre contaba con una buena expansión reteniendo un porcentaje de su núcleo.

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Comportamiento de las puntas. A la izq. la caja de Hornady de 225 grains junto al proyectil recobrado dentro del guarro. Perdió el núcleo. Dcha: caja de las Nosler Partition de 260 grains junto al proyectil que atravesó al venado.
 

Muchos sospechamos que el diseño se asemejaba a la solución mecánica de las H-Mantel en cuanto a asegurar un buen porcentaje de retención del núcleo; pero al no saber si se inspiró en el diseño alemán o fue una casualidad, no le quitaremos el mérito de su desarrollo.

Con las pruebas de campo contra animales corpulentos como el alce, J. Nosler vio el potencial de su diseño y en 1948 se lanzó a fabricarlas de manera industrial fundando para ello la Nosler Partition Bullet Company.

La punta Partition tuvo una pronta aceptación en el inmenso mercado americano pese a que las primeras no eran de mucha precisión y muy caras por cómo estaban fabricadas, pero más tarde se cambió al método por extrusión, lográndose así bajar los costos y mejorar la precisión de las mismas.

Otros diseños

La inquietud de J. Nosler no se detuvo allí, sino que más tarde diseñó otra punta, la Solid Base. Éstas tenían una base de cola de bote sólida siendo el resto convencional, es decir, de una sola cavidad con plomo, las cuales hicieron furor entre los amantes de los cola blanca, la especie más difundida del cazador medio americano.

Más tarde, en los años 80, la firma sacó otro producto, Nosler Ballistic Tip, la cual a la Solid Base incorporaba en su extremo una punta de polímetro que facilitaba la expansión, a la vez que iniciaba la moda de codificar mediante diferentes colores los calibres para una identificación más rápida. Era éste un modelo gran precisión y buena expansión con excelentes resultados en la fauna mediana.

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De izda. a dcha.: corte de proyectiles: Nosler Partition para rifle, Nosler Partition para arma corta y Hornady sólida.

Tras el éxito logrado con éstas lanzó posteriormente las Nosler Ballistic Tip Varmint pensadas para el mercado de gran consumo de cazadores de alimañas. También para esa época Nosler incursionó en el mercado de las puntas para armas cortas y la década de los 90 llegó al máximo en este sector con un nuevo tipo, las Partition-HG, que no eran sino el clásico diseño de las Partition de rifle adaptadas a las armas de puño, es decir, con dos cavidades de núcleos de plomo, las cuales estaban, por su rendimiento, especialmente adaptadas para la caza mayor.

En esta década aparecieron también las Nosler Match, especiales para competición. También surgió una novedosa alianza estratégica con una de las más grandes fábricas de amuniciones americanas, Winchester, desarrollando las Combined Technology, que no son más que los clásicos diseños de Nosler con una cobertura de molibdeno, para reducir la fricción.

Las Accubond

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De izda. a dcha.: punta de rifle de construcción convencional que tocó un hueso de un animal, perdiendo su núcleo y en consecuencia, casi ni penetró. La Nosler Partition, aun tocando huesos, siempre retiene el 60% de su núcleo de plomo.

Lanzadas al mercado en 2001, estaban basadas en las Partition, pero adhiriendo plomo a la envuelta para mejor retención del núcleo, además llevaban una punta de polímetro blanco con el objeto de aumentar el coeficiente balístico.

En 2005 incorporó a su catálogo no solo municiones custom de gran precisión sino también rifles con su nombre. Dos años más tarde sumaría otro diseño de puntas, las E-Tip, siguiendo la moda de las Barnes y adelantándose a las nuevas Reglamentaciones Gubernamentales de hacerlas sin plomo; éstas son sólidas, de una aleación de cobre con una cavidad interna y una punta de polímetro para aumentar el coeficiente balístico, dando como resultado una retención del 95% de su peso.

En la actualidad presenta una línea completa de puntas especializadas, con las Nosler Solids, sin núcleo de plomo, ideales para la caza peligrosa donde lo que importa es la penetración, ya que debemos llegar a través de grandes huesos hasta los órganos vitales. Como hemos visto, esta marca tiene una amplia gama de puntas para distintas prestaciones de acuerdo a su diseño y construcción aunque tanta variedad muchas veces nos hacen dudar a la hora de elegir un diseño sobre otro.

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Varios proyectiles para comparación. De izda. a dcha.: Nosler Ballistic Tip, Barnes X, H-Mantel y Sierra Hueca.

Las clásicas Nosler Partition, son unas de mis puntas favoritas las cuales me han dado buenos resultados en muchas cacerías; tal fue el caso cuando tuve la alegría de compartir una cacería en la provincia de La Pampa, Argentina, con una viejo amigo Alberto Al Trevisanello, quien también cuenta con experiencias africanas y alguna en Alaska, a este último lugar llevó el rifle con el que cazaría conmigo: un antiguo Withworth británico de líneas tan clásicas como su calibre, .375 H&H.

La prueba de caza

La idea era pasar unos días recordando aventuras que compartimos y para concretarla conecté con el guía profesional y outfitter del lugar, José Calbelo para que me indicara dónde cobrar un venado y muchos guarros, ya que estábamos por entrar en la luna llena.

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El autor junto a su jabalí.

Pasamos por la capital de esa provincia argentina a encontrarnos con José y de allí todos nos dirigimos directamente al coto elegido que sería el afamado Nehuen Mapu propiedad de la compañía Golden Stag Safaris cuya cabeza visible es un austriaco de nombre Peter Koeck. Tiene una superficie inmensa con solo alambrado perimetral donde podemos encontrar varios escenarios, desde el monte de caldenes pampeanos y médanos en su mayoría cubiertos por pasturas, así como varias charcas u ojos de agua, donde se pueden ver búfalos asiáticos. La fauna era abundante y variada, con esbeltos antílopes negros de la India, gamos, muflones, búfalos, varias especies de carneros y hasta el majestuoso venado o Cervus Elaphus, que en ese país alcanza un gran porte.

Contábamos con dos rifles, un Tikka modelo T3 en calibre .338 Winchester Magnum con un excelente visor nuevo Nickel variable de 3/12x50 con retículo Dot iluminado, con munición recargada con puntas Hornady y Nosler Partition de 225 grains y el Withworth .375H&H con un visor de la misma época del rifle, un Nickel variable de 1/4x20, muy fuerte y bueno para las condiciones ambientales africanas y que puede ser usado de noche sólo si la luna es fuerte y su cartuchería era Nosler Partition de 260 grains.

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Un momento del rececho.

Durante la primera espera nocturna, al cubrirse de nubes el cielo no dejaba pasar suficiente luz para que fuese eficaz el visor de Al; como quería que fuese quien disparase primero, le pasé mi rifle ya que tenía un visor más apropiado para la noche.

Antes de la medianoche aparecieron desde los montes que rodeaban el apostadero varios guarros con muchas hembras y algún que otro macho de tamaño mediano, de todas maneras, como estábamos algo cansados por el viaje, decidimos cobrar alguno para proveernos de carne para el día siguiente. Con la ayuda de los aumentos grandes de la Nickel y con el retículo iluminado, fue fácil acertarle al cuello de un jabalí, por lo que dimos por terminada esa primera jornada.

Luego de dormir unas cuantas horas, a las 7 de la mañana José nos despertó para dar una vuelta con la camioneta a un lugar por donde pasan los guarros temprano; éstos vienen de los sembrados vecinos y antes de ir a dormir a los montes cerrados pasan por un alambrado de la finca pegado a un sendero. Pese a que estuvimos un tiempo esperando no vimos nada; José nos comentó que llegamos un poco tarde así que prometimos despertarnos más temprano al día siguiente; no obstante para aprovechar la jornada, salimos a das una vuelta por los médanos por si veíamos algún trofeo. Por todos lados se veían manadas de antílopes, búfalos, etc., como ninguno de ellos formaba parte de nuestro menú seguimos recorriendo para ver si veíamos algo que nos interesaba. Aparecieron manadas de venados pero no había en ellas nada interesantes.

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El trofeo de venado, Al junto al guía, José Calbelo.

José iba charlando alegremente con nosotros mientras conducía, pero al mismo tiempo con su vista controlaba todo el campo; a la hora detuvo el vehículo y tomó los Zeiss 8x56 para mirar algo a lo lejos un bulto y dirigiéndose a mi amigo, dijo:

—Me parece que hay un venado bastante interesante cerca de ese monte que tenemos delante como a 600 metros— Al, asintió con la elección.

—Bien, —prosiguió José— dejemos la camioneta escondida y aprovechando que hay un viento fuerte que nos da en la cara, podemos meternos por entre los médanos para llegarle cerca.

Como en cacería tres son multitud, me quedé cerca del vehículo mirando con los prismáticos, observando cómo mis amigos trabajaban el acercamiento; iban bien agachados por entre los matorrales que crecían en los médanos acortando las distancias con sumo cuidado hasta los que perdí de vista entre las dunas por lo que enfoqué mi atención en el venado que se encontrada agachado pastando despreocupadamente. Trepé a un médano para ver mejor, encontrando que mis dos amigos se habían sentado detrás de unos arbustos mirando con los prismáticos hacia el venado.

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Se observa claramente la salida del proyectil Nosler Partition luego de atravesar el cuerpo del animal.

Habían llegado a menos de 100 metros del animal, enfoqué nuevamente al animal, pues sabía que en cualquier momento escucharía el disparo, pero se metió en un monte pequeño, por lo que los cazadores tuvieron que dar un rodeo para esperarlo a la salida del mismo. El ejemplar estaba pastando cuando escuché el disparo; alzó la cabeza y quedó como petrificado en el lugar, parecía una estatua y de pronto, como en cámara lenta se le aflojaron las patas cayó de costado quedando inmóvil. Al le había disparado un poco terciado, por lo que el proyectil Nosler Partition de 260 grains le entró cerca de la paleta trasera, recorriéndole todo cuerpo por dentro y saliendo cerca de la delantera; un comportamiento clásico de esta marca de puntas Premium. Por suerte, al haber un fondo de dunas cuando el pesado proyectil en su salida levantó polvo en el terreno arenoso, vimos donde se enterró por lo que pudimos encontrarlo y así compararlo más tarde con otro de construcción convencional. Siguieron unos días más de cacería cobrando un gamo con varias noches apostados a la espera de los jabalíes, por suerte con excelente resultado, ya que por mi parte conseguí un par de ellos.

Una de las noches Al estaba en un apostadero con otro guía de nombre Gastón que trabaja en el coto, cuando pasadas las 10 de la noche luego que bajara a la charca y cebadero una piara de guarros formadas por hembras y algunos machos de mediana edad, apareció la figura inconfundible de un gran padrillo. Éste no sólo hizo su entrada para comer sino que se peleaba con los demás, corría a las hembras grandes y algún macho de mediana edad con esa agresividad propia de los viejos.

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El apostadero visto desde el cebadero.

Alberto, que en ese momento tenía mi Tikka, pues poseía un visor con retícula iluminado por si la noche se presentaba nublada, no tuvo ninguna duda al momento de disparar a esa gran figura, dejándolo en su sitio con un proyectil Hornady de 225 grains bien colocado en la paleta. Pero para sorpresa de todos, el supuesto padrillo resultó ser una hembra de gran tamaño que hasta poseía unas buenas defensas.

Lo más interesante para nuestro estudio comparativo fue que al recobrar el proyectil, que le había roto en su entrada los huesos del brazuelo quedando dentro del cuerpo, lo pudimos recobrar para hacer una comparación con el comportamiento del Nosler. La Nosler Partition es, a mi entender, uno de los diseños Premium de mejor comportamiento en los animales de caza de piel fina, ya que poseen una buena precisión, expansión, penetración y retención de su núcleo de al menos el 60%. Cumplen con lo que pregona el fabricante.

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Cazando el íbex en Suiza

Suiza es un destino no muy frecuente entre los cazadores de montaña, pero esto no significa que no podamos encontrar excelentes trofeos de íbex y rebecos en sus cumbres alpinas. Es por ello que dedicamos este artículo a la caza de la primera de estas impresionantes cabras en este territorio.

 

El término Alpes posee una larga historia, aunque no se sabe a ciencia cierta si fueron los celtas, los romanos o los germanos quienes bautizaron estos picos. El término latino Alpes ya se utilizaba en el siglo I a. C. Según una teoría, el nombre deriva de albus que significa blanco y que se utilizaba para denominar las cumbres nevadas.

Hoy viven unos 15.700 íbices en los Alpes suizos que pueden ser cazados

Otra teoría expone que la palabra se deriva de al o ar que significa sitio alto, denominación aplicada no sólo a las montañas, sino también a las praderas. Este mismo significado tiene en la actualidad las palabras Alp (en alemán y romance) y alpe (en francés e italiano).

Dentro de esta gran cordillera se encuentra la bella localidad de Saint Maurice, situada en el Cantón del Valais, a los pies de un magnífico acantilado bordeado por el río Ródano. Esta pequeña ciudad cuenta con un notable legado histórico.

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El disparo a los íbices en los Alpes suizos suele realizarse a unas distancias medias de 150 a 200 metros, por lo que es importante contar con una buena óptica en el rifle.

Existen referencias desde el siglo III d. C., cuando muchos peregrinos hacían una parada durante su largo camino desde Canterbury (Gran Bretaña) hacia Roma, conocido como Vía Francigena. La principal atracción de la ciudad es la famosa Abadía de San Mauricio con su Tesoro, donde se conserva una de las colecciones de orfebrería religiosa más importantes del mundo, además de hojas arqueológicas y una importante colección epigráfica. Es necesario mencionar la capilla de Notre-Dame de Scex, pegada al acantilado, ya que ofrece una vista magnífica sobre la llanura del Ródano.

La posición estratégica de la ciudad de St. Maurice en la entrada del Cantón del Valais le ha otorgado una tradición militar desde la época del Imperio Romano, contando con el bien conservado Fort de Cindey (obra militar de importancia nacional).

Fauna alpina de alta montaña

Los animales que viven en las montañas tienen que enfrentarse a distintos desafíos: terrenos abruptos, rocas afiladas, vegetación escasa y temperaturas extremas. No obstante, hay muchos animales que se han adaptado a estas difíciles condiciones. Un desafío particular es el invierno: escasean los alimentos y la nieve obstaculiza el desplazamiento de los animales en el terreno, ya de por sí casi intransitable. Por tanto, la mayoría de los animales reducen su actividad con objeto de ahorrar toda la energía posible, llegando incluso a hibernar.

El ibex alpino

El Estado sortea sólo 40 permisos anuales de caza para recechar grandes trofeos

El íbex (Capra íbex) es un bóvido de la subfamilia Caprinae presente únicamente en la cordillera de los Alpes. Los machos, mayores que las hembras, pueden alcanzar un tamaño máximo de 170 centímetros de largo y 100 centímetros de altura en la cruz, y un peso de hasta 120 kilos. El peso de las hembras pequeñas y jóvenes oscila entre los 40 kilos. Son de hábitos diurnos, manteniendo el grueso de su actividad en las primeras y últimas horas del día. Sus pezuñas están perfectamente adaptadas al terreno montañoso. Por fuera tienen bordes duros y por dentro pulpejos blandos y antideslizantes que ayudan al animal a mantener el equilibrio hasta en los terrenos más inclinados. Este animal es capaz de saltar varios metros hacia arriba sin tener que tomar impulso. Viven en cotas de montaña entre 1.600 y 3.200 metros, descendiendo en los meses más duros del invierno para alimentarse en los valles y volviendo a ascender en verano en busca de la protección natural de las altas cumbres.

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En esta zona de los Alpes pueden abatirse corzos, ciervos, jabalíes y muflones, pero sólo los pueden cazar los aficionados locales.

Los primeros íbices fueron puestos en libertad en la región de Graue Hörner, en el Cantón de St. Gallen. Las colonias han alcanzado en algunas zonas tal proliferación que desde 1977 se ha autorizado a los cazadores locales abatir hembras y crías con el fin de reducir los daños causados a los bosques de montaña por su alimentación. La tendencia de esta población es ascendente, con un 6,3% en el año 2007.

Hoy en día viven alrededor de 15.700 ejemplares en los Alpes suizos que son cazados a pesar de pertenecer a una especie protegida por la ley federal. El Estado sortea sólo 40 permisos anuales para el rececho de grandes trofeos.

La raza estuvo a punto de su extinción en la primera mitad del siglo pasado debido a la caza incontrolada por sus cuernos, que se empleaban para remedios milagrosos contra un sinfín de posibles achaques físicos.

La caza

El año pasado fui agraciado con uno de los escasos y exclusivos permisos para la caza de un íbex y un rebeco alpino en la Reserva de Caza del Valais, en Suiza. Con la ayuda de Cazatur pude completar la gestión y obtención definitiva de tal permiso, el cual constaba de tres días para intentar cazar ambas especies. Este país es el único del mundo donde se puede cazar en libertad esta subespecie de íbex, ya que en Austria la caza se realiza en fincas cerradas. En otros países de Europa central existen estos animales por las reintroducciones, aunque viven fuera de su hábitat natural.

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Suiza es el único país del mundo donde se puede cazar en libertad esta subespecie de íbex, ya que en Austria la caza se realiza en fincas cerradas.

Tras un año de espera, a mediados de otoño comencé este nuevo reto cinegético en la pequeña localidad alpina de Saint Maurice acompañado de un gran cazador, y aún mejor persona, mi primo Jorge, que en esta ocasión vez cambió el rifle por la cámara fotográfica.

La Reserva de Valais cuenta con aproximadamente 25.000 hectáreas de frondosos bosques de abetos, cristalinos lagos de montaña y violentas caídas de agua. Sus montañas, de roca granítica forman escarpadas laderas, con altos picos inaccesibles y grandes cortados de piedra que ponen los pelos de punta al asomarse.

El guarda mayor de la reserva, Philippe Dubois, nos recogió en nuestro hotel a las seis de la mañana del lunes 19 de octubre. Nos dirigimos todavía de noche hacia un refugio de montaña que distaba unos 40 kilómetros de St. Maurice, el sitio más alto desde donde podíamos acceder con coche. Debido a la gran nevada caída el día anterior, nos quedamos bloqueamos por la nieve durante la subida, con los que a -10º C tuvimos que bajarnos a poner las cadenas y poder reanudar la marcha. Ya en el refugio tomamos un pequeño desayuno compuesto por queso, panceta ahumada, salchichón de corzo y una taza de café caliente, lo más apetecible en ese clima gélido. Esta casita de piedra tenía una pequeña cocina con chimenea en la parte de abajo, adornada con varios trofeos de rebeco y una planta superior donde se encontraban varias camas. Después de preparar el rifle, prismáticos y abrigarnos hasta las cejas, a las ocho de la mañana el termómetro marcaba -8º C, salimos en busca de nuestro primer objetivo, el íbex alpino.

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En la imagen, trofeo de 89 cm de longitud conseguido por el autor acompañado de Philippe Dubois y demás miembros de la guardería de la Reserva del Valais.

Los primeros pasos fueron inseguros e inestables por la cantidad de nieve y por el frío que tenía medio paralizados los músculos. El entorno que nos rodeaba era abrumador, con enormes laderas desnudas cubiertas de nieve y picachos de mil formas distintas que nos deleitaban con sus ondulaciones y cortados. No se oía más que el graznido de algún cuervo que levantaba el vuelo al advertir nuestra presencia. La sensación que tenía era de estar perdido en algún lugar sin vida, en un desierto de piedras y nieve. Avanzamos hacia un estrecho portillo flanqueado por dos enormes piedras desde el cual daríamos paso al otro valle. Al dar vistas a la otra vertiente nos encontramos con una auténtica postal alpina. Un enorme cráter de origen volcánico, con empinadas laderas y un lago helado en su parte más baja, nos recibió en el mismo momento que el sol bañaba los inmaculados picos de esta singular formación. En segundo plano, a lo lejos, se divisaba el lago Ginebra y los pueblos del valle que lo circundan.

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Los cazadores locales son los encargados de controlar la población de íbices de la zona, abatiendo hembras selectivas.

No tardamos en dejar de contemplar esta bella estampa para buscar con los anteojos algún rastro de vida por aquellas faldas graníticas. En ese momento, Philippe recibió una llamada de uno de sus subordinados para indicarle la posición de los machos de íbex, que estaban en la zona por la que él transitaba con unos cazadores locales en busca de hembras selectivas. Rápidamente retrocedimos el camino andado y nos dirigimos en busca de los animales. Un buen rato nos llevo bajar por el valle donde estaba el refugio, para acercarnos a la falda indicada por el otro guarda. Allí nos encontramos con dos cazadores locales que bajaban arrastrando una vieja hembra con un solo cuerno, quienes nos indicaron de forma precisa el lugar del avistamiento. Sin demora empezamos la ascensión por una estrecha vereda que en esta zona de baja altitud atravesaba un bosquecillo de abetos. El repecho era cada vez más fuerte, por lo que las curvas del camino iban haciéndose más numerosas y sinuosas. Finalmente, cruzamos una pequeña sierra que daba vistas a una enorme pradera alpina flanqueada por enormes roquedales. El guarda se adelantó para registrar la zona en busca de los machos. No tardó mucho en encontrarlos, pero no dio el visto bueno. Eran dos jóvenes de buen porte, con prometedor futuro, no un viejo íbex en el eclipse de sus días como lo que buscábamos.

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El rececho en los Alpes implica cazar a alturas de 2.500 a 3.000 metros, por lo que es recomendable tener una buena forma física para resistir las jornadas de caza.

Nos detuvimos un rato a observarles y descansar de la fuerte subida. En ese momento el veterano guarda ya jubilado que nos acompañaba, llamó la atención de Philippe. Cruzaron unas breves palabras hasta que llamaron mi atención y Philippe me dijo: «¿Ves aquellas últimas rocas en el viso de esta ladera? Allí está tu íbex». Cogí los prismáticos y empecé a buscar en la cumbre el macho que habían localizado. Al no conseguir verlo, Philippe matizó: «Sólo se le ven los cuernos por encima de las rocas». Al fin logré ver los imponentes cuernos que sobresalían por encima de una gran piedra. En una poyata, dominando gran extensión y cara al sol, se encontraba este señor de las cumbres. El plan de ataque se cuajó en un minuto. Teníamos que dar un gran rodeo para ir ganado altura y ponernos a tiro. La marcha ascendente se reanudó, pero esta vez con otro ánimo, pensando en que el desenlace estaba próximo. Las últimas rampas empinadas llenas de finísimas aristas nos separaban de nuestro objetivo. En este difícil tramo tuvimos que extremar las precauciones por la proximidad del íbex y por lo escarpado del terreno. Jorge y el amigo de Philippe se quedaron un poco más abajo, mientras que el guarda y yo hicimos el último tramo de la entrada. Al asomarnos para ver la pequeña repisa donde estaba el animal, comprobamos que estaba totalmente dormido, rumiando. Esta situación nos animó a acercarnos un poco más. Con más cuidado todavía, avanzamos unos veinte o treinta metros. La tranquilidad del animal era absoluta. Su enorme y rechoncho cuerpo yacía placidamente al sol.

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Una vez localizado el trofeo son los guardas los que indicarán al cazador la posible puntuación del animal.

Este último avance nos proporcionó mayor altura, avistando otro animal más joven con una importante cuerna, a la derecha del magnífico macho. Unos 116 metros nos separaban del deseado trofeo. Apoyado cómodamente en una piedra y con el rifle sobre la mochila, esperaba pacientemente a que el somnoliento caprino quisiera levantarse. La espera se prolongaba, aunque no podía ser impaciente después de tan duro y bien llevado rececho. El animal estaba un poco terciado, mostrando sus cuartos traseros y un poco del cuello. No me atrevía a disparar. La providencia se alió con nosotros y un tiro lejano, seguramente de los cazadores locales, perturbó el sueño del señor de las cumbres. Ágilmente levantó la cabeza y se puso en pie. Se quedó clavado sobre sus cuatro patas dándome la espalda. Esperé, contuve la respiración. El viejo animal duplicó su tamaño a través del visor. Tres pasos hacia la izquierda lo dejaron totalmente perpendicular a mí. «Dispara», dijo Philippe. Un estruendo sacudió los picos alpinos, propagándose velozmente por los valles cercanos.

Logré ver los imponentes cuernos que sobresalían tras una gran piedra

El animal desapareció del visor. Al instante lo ví al borde de un enorme barranco, a la izquierda de su posición original. Miraba receloso al fondo de esta depresión con sus patas delanteras abiertas y haciendo fuerza para no caer. No pude ni girar el rifle para apuntarle de nuevo, cuando el animal se desplomó y desapareció por el gran precipicio. Con precaución nos asomamos al cortado por el que se cayó el animal. Al fondo se podía ver un pequeño lago helado, rodeado de un circo nevado con algo de pasto alto. El íbex se precipitó unos 500 metros rodando hasta parar definitivamente entre unas pequeñas piedras que hicieron de parapeto. Observamos con los prismáticos que no se movía. Esperamos unos minutos antes de emprender el descenso, vigilando al animal por si se levantaba. Impacientes por ver el trofeo y comprobar que no se había dañado tras la caída, bajamos presurosos. Al llegar a él, vimos las dimensiones de cuerpo y cuerna que presentaba. ¿Cómo un animal tan grande y pesado puede ser tan ágil en este terreno? Su robusto cuerpo con pelaje invernal suave y esponjoso pesaría unos 120 kilos. Sus cuernos estaban perfectos, no habían sufrido ningún daño en la caída. Era soberbio, imponente, aún más grande de lo que imaginaba. Philippe me estrechó la mano y me felicitó, pero fue Jorge quien con entusiasmo y alegría me dio un fuerte abrazo por conseguir mi primer trofeo internacional de alta montaña.

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Jorge Buendía con el trofeo que resultó ‘ileso’ a la caída desde la cumbre del fondo de la imagen, tras ser disparado.

El guarda comenzó su ritual de mediciones, contándole doce años. Los cuernos, muy parejos, dieron 89 centímetros de largo y 27 centímetros de grosor en la base. Sin duda un gran trofeo de 179 puntos CIC. Finalizadas las fotos de rigor para inmortalizar el momento, nos pusimos a desollar el animal preparándolo para la taxidermia. El primer día de caza había concluido felizmente; ahora nos quedaba volver al refugio portando el trofeo y esperar a la siguiente mañana para salir en busca del difícil y escurridizo rebeco alpino

 

Áreas protegidas

En Suiza hay más de cuarenta zonas de protección faunística —con estricta prohibición federal de caza en ellas—, que ayudan a proteger las especies en peligro de extinción y sus hábitats, abarcando una superficie superior a 1.500 km2.

Durante el siglo XIX las poblaciones de ungulados en Suiza se redujeron al mínimo debido a la fuerte presión cinegética y el mal estado en que estaban sus bosques. Rebecos e íbices fueron completamente exterminados, mientras que las poblaciones de ciervo apenas consiguieron sobrevivir. Como consecuencia de esta aniquilación se aprobó la legislación que limita la caza, la protección de las hembras y crías, la realización de una eficiente red de guardabosques y la delimitación de la prohibición federal. Gracias a estas medidas, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue posible restablecer las poblaciones de animales silvestres autóctonos.

El resurgir de especies casi extintas

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Algunas especies han vuelto sin interferencia humana; sin embargo, otras han sido introducidas por especialistas, a veces incluso contra la oposición de la población local. En concreto, el Programa de Reintroducción del Lince ha desatado una controversia particularmente candente. El objetivo consiste en introducir el animal en el noreste, pero casi todos los linces liberados desaparecieron o murieron.

Menos controvertido ha sido el retorno del quebrantahuesos que había desparecido en Suiza hacia finales del siglo XIX. La primera cría avícola se puso en libertad en el Parque Nacional Suizo en el año1991.

Un gran éxito ha sido la reintroducción del íbice en el año 1906, y eso a pesar de que no se ha hecho con un seguimiento científico apropiado: los dos primeros animales jóvenes se introdujeron de forma clandestina desde Italia y sin el permiso expreso del rey Víctor-Emmanuel II de Italia, que había rechazado categóricamente la venta y exportaciones de estos animales a Suiza. Sucesivamente también se adquirieron otros animales, pero igualmente de manera ilegal.

Dos grandes carnívoros se han introducido provisionalmente en Suiza. El lobo, que desapareció en la segunda mitad del siglo XX, no es muy aceptado, incluso hace un año se autorizó su caza dados los graves daños que estaba causando. El Gobierno suizo ha decretado que al tercer ataque de algún individuo o grupo en la misma zona se le pueda dar caza. El primer lobo se avistó en el Cantón del Valais en 1995.

El otro carnívoro introducido es el oso (el último oso suizo se abatió en 1904). Un oso pardo causó revuelo en agosto de 2005 al entrar en el Cantón de los Grisones. Más tarde abandonó territorio helvético. En 2007 aparecieron otros dos osos jóvenes en los Grisones. Actualmente, la población se estima en 8 o 10 ejemplares que entran y salen del país a su antojo por las montañas de este Cantón.

El urogallo negro encuentra su último refugio de los Alpes de Europa central. La especie, sin embargo, está desapareciendo incluso en Suiza, debido a la ocupación gradual de su hábitat por el hombre. El urogallo vive exclusivamente en los arbustos enanos subalpinos en el límite superior del bosque. Con el cambio de uso forestal a turístico y la extensión de las zonas de esquí, muchos de los hábitats ideales para el gallo negro han desaparecido. Además, en invierno este animal también se ve perturbado por los esquiadores que salen fuera de las pistas.
 

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Preparadas las aves acuáticas de reclamo

Más de 2.000 aves acuáticas han pasado el control sanitario de la gripe aviar y han sido anilladas para su posible empleo en la temporada de caza 2009-2010.

 

A la espera de la autorización definitiva de la Consellería de Medio Ambiente, Agua, Urbanismo y Vivienda, la Federación de Caza de la Comunidad Valenciana, conjuntamente con la Dirección General de Sanidad Animal, de la Consellería de Agricultura, Pesca y Alimentación, han cumplido los protocolos correspondientes para poder cazar con patos de reclamo vivos durante la presente temporada de caza, concretamente en los cotos de aves acuáticas del entorno del Parque Natural de la Albufera de Valencia.

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Cazadores mostrando sus aves anilladas antes de volver a colocarlas en las jaulas de transporte.

La Federación de Caza facilitó 2.000 anillas de nuevo diseño y material duradero y la Dirección de Sanidad organizó la toma de otras tantas nuestras sanitarias, todo ello en condiciones y según la normativa existente, para analizar y anillar las aves que los cazadores crían en cautividad con objeto de su empleo en la caza como reclamos vivos. Así mismo, la Federación habilitó dos centros operativos, estratégicamente situados, para recibir y atender a todos los cazadores de las sociedades interesadas. Dichos controles tuvieron lugar en las localidades de Silla y de Sueca, durante las tardes de los días 5, 6 y 7 de octubre.

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Izq: Machos y hembras de Ánade real criados en cautividad, al aire libre y con balsa de agua permanente, para su empleo como reclamos vivos. Der: Los técnicos sanitarios realizando sus trabajos de extracción y preparación de las muestras con el equipamiento adecuado.

Con la asistencia dosificada y con todo orden, disciplina y deportividad, los cazadores fueron presentando sus aves y retirándolas después de realizados los dos procesos del protocolo, a la espera de la autorización administrativa para su empleo en la caza.

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Izq: Los técnicos sanitarios realizando sus trabajos de extracción y preparación de las muestras con el equipamiento adecuado. Der: El técnico de Sanidad Animal nos muestra los instrumentos numerados que se utilizan para llevar a analizar las muestras.

Desde tiempo inmemorial, los cazadores valencianos, crían en cautividad aves destinadas a su empleo como reclamos vivos. Estas aves disfrutan durante todo el año de recintos específicos para su mejor desarrollo y entrenamiento en condiciones de vida casi del todo naturales. Habitan en espacios cerrados, pero a la intemperie, y disponen del agua exigida por su condición de aves acuáticas. En las ilustraciones se muestra una de estas instalaciones de cría, en perfectas condiciones, sanitarias y ambientales, para el desarrollo de las aves.

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X Aniversario del Club de Cazadores de Becada

El décimo aniversario de una asociación suele ser un evento importante, pero si esa asociación es de cazadores, sin duda alguna un momento así se puede considerar una verdadera hazaña.

 

Y es que nuestro colectivo no se ha caracterizado nunca por su unión ni por la abundancia de iniciativas para crear entidades que sirvan para defender sus verdaderos intereses y, porque no decirlo, por perseguir los Derechos de la Caza, nuestros derechos como cazadores que somos. 

A día de hoy el Club de Cazadores de Becada es un referente para todos nosotros, y un orgullo para nuestro colectivo

Pocas alternativas han existido para nosotros, salvo las de estar dentro o fuera de una estructura vertical que ha tratado de dirigir la caza en este país desde hace más de 75 años, sin dejar espacio físico a otras entidades, o a que cuando éstas finalmente se creaban, pudieran perdurar en el tiempo. Es por eso, que para todos los socios del Club de Cazadores de Becada, su décimo aniversario debe ser algo más que un simple celebración de los primeros diez años de existencia, y como cazadores que somos, tenemos la obligación moral de felicitaros, animaros y ayudaros para que la labor que estáis desarrollando perdure en el tiempo. 

A día de hoy el Club de Cazadores de Becada es un referente para todos nosotros, y un orgullo para nuestro colectivo, puesto que con sus novedosas iniciativas están consiguiendo que la sociedad pueda entender la caza como una herramienta más dentro de las muchas herramientas, que si se saben aplicar, están sirviendo para conservar nuestro Patrimonio Natural Cinegético. Como cazadores de la Unión Nacional de Asociación de Caza, valla nuestra más sincera felicitación para todos vosotros.

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La UNAC es una asociación creada en el año 2005 para aglutinar a las Asociaciones Autonómicas de Sociedades de cazadores que entienden que la caza no es un deporte sino una actividad ancestral con una entidad propia, aunque dentro de la misma se puedan regular competiciones o campeonatos. Los principales objetivos de la UNAC son la búsqueda de canales de comunicación con las Administraciones Estatales para dar solución a los principales problemas que venimos sufriendo en las últimas décadas, originados en unos casos por la creación de las Autonomías y en otros por la desidia de los que dicen representarnos y defender nuestros intereses ante las Administraciones. 

La implantación de la Licencia Única de Caza (LUC), la unificación de las bases de datos de los registros de identificación de los perros de las CCAA, la asimilación del sistema europeo para cubrir los daños provocados por las especies cinegéticas en las carreteras y la reivindicación de los Derechos de la Caza ante la Sociedad en la que vivimos, son los principales objetivos que persiguen los cazadores de la UNAC y sobre los que venimos trabajando sin más recursos económicos y personales que los que aportados a través de nuestras asociaciones.

La UNAC también defiende la elaboración de la Ley de Patrimonio Natural Cinegético, como norma básica que sirva para regular nuestras especies cinegéticas, quedando la regulación de su caza en manos de las CCAA. Con esta propuesta se pretende dar solución a la disparidad de normas que han desarrollado las CCAA al haberles sido transferidas las competencias en materia de caza por el Estado. La UNAC entiende que las especies, y entre ellas las cinegéticas, son un Patrimonio de todos, por lo que su conservación si cabe dentro de las competencias del Estado, posibilitando de esta forma que se pueda dar una solución a este grave problema.

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Además de las iniciativas que la UNAC ha venido desarrollando, durante nuestra corta existencia nos hemos preocupado de establecer lazos de colaboración con otras entidades asociativas del mundo de la caza para así poder trabajar en líneas de actuación comunes o foros de intercambio de experiencias que sirvan para mejorar el mundo de la caza en España. La política de la UNAC no es la de integrar, fagocitar o intervenir asociaciones, práctica muy propia en nuestro colectivo, sino la de firmar convenios de colaboración entre entidades que se tratan como iguales; y es por eso que durante el presente año 2009 se ha hecho lo propio con el Club de Cazadores de Becada. También, y aprovechando el momento de la firma del convenio, hemos entregado al Presidente del CCB, Felipe Díez una placa en la que nuestra UNION reconoce la labor que el Club de Cazadores de Becada está haciendo en la defensa de nuestro Patrimonio Natural Cinegético. Proyectos como Scolopax sin fronteras tienen un valor que debiera ser reconocido incluso por las entidades medioambientales por su aportación al estudio de nuestras especies, y en concreto de la Becada. 

¡¡Enhorabuena a todos vosotros por como estáis haciendo las cosas!!

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La importancia del SIGPAC en la caza

Tras las siglas del SIGPAC se esconde un sistema fiable de medición de parcelas, obligatorio para todo coto y necesario para una buena gestión. Hoy día es impensable renunciar a este método que ha agilizado trámites administrativos y técnicos y que permite identificar todas las parcelas localizadas en territorio español.

 

Los que nos dedicamos a la gestión de cotos de caza sabemos lo que ha supuesto el SIGPAC (Sistema de Información Geográfica de Identificación de Parcelas Agrícolas) a la hora de agilizar trámites y facilitar el Trabajo de Gabinete.

La gran utilidad del SIGPAC es que nos permite conocer los terrenos, tanto desde el punto de vista administrativo como desde el punto de vista técnico

Antes de existir el SIGPAC, trabajábamos con ortofotos y planos que debían ser solicitados al Catastro. Sólo esta gestión podría llevarnos 10 o 15 días. Una vez conseguida la documentación, iniciábamos el proceso de relacionar la información catastral, contenida en los planos y cédulas catastrales, con las fotografías aéreas.

Ahora, sólo debemos conectar con el SIGPAC y seleccionar los datos de la parcela que queremos consultar. En un minuto tenemos toda la información a nuestra disposición, sin movernos de la oficina o de casa. Es evidente que el avance es notable, no sólo por la comodidad, sino porque manejar la misma información que la Administración siempre es una ventaja.

¿Qué es el SIGPAC?

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Las subvebciones a los terrenos rústicos estarán condicionadas según el uso que se les dé.

El Reglamento (CE) n° 1593/2000, del Consejo, de 17 de julio de 2000, obligó a crear un Sistema Gráfico Digital de Identificación de Parcelas Agrícolas. España elaboró un SIGPAC que, en la actualidad, permite identificar todas las parcelas que se encuentren en territorio español. El sistema consta de un mosaico de ortofotos digitales que abarcan todo el territorio nacional, sobre las que se superponen los planos parcelarios de catastro de rústica. De esta forma, cuando seleccionamos una parcela, el sistema nos proporciona una fotografía aérea con los límites de dicha parcela y los recintos, o diferentes usos, que la componen.

Utilidad

Inicialmente se concibió con el propósito de facilitar a los agricultores la presentación de solicitudes con soporte gráfico, así como para facilitar los controles (administrativos y sobre el terreno). Sin embargo, el SIGPAC se ha convertido en una herramienta de enorme utilidad en numerosos ámbitos (diferentes del agrario) entre los que se encuentra, lógicamente, el de la gestión cinegética.

Para gestionar un coto es imprescindible conocer las referencias de polígono, parcela y recinto, y las informaciones obtenidas como superficies y coordenadas geográficas. Son obligatorias en cualquier tramitación administrativa, bien sea con el fin de documentar expedientes de subvención, de aprovechamientos forestales o resoluciones de Planes Técnicos de Caza y de Ordenación Forestal.

Mediante el SIGPAC podemos relacionar las referencias catastrales con ortofotografías aéreas y, de esa forma, identificar los diferentes usos asociados a cada parcela y recinto.

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Otra de las aplicaciones del SIGPAC es la de medir superficies ocupadas por cultivos o manchas de monte, medir longitudes de cerramientos o caminos, o definir las coordenadas geográficas de una nave o un pozo.

Debemos tener en cuenta que, muchas de las subvenciones destinadas a terrenos rústicos, vienen condicionadas a los usos que figuran en los diferentes recintos. Por ejemplo, existen subvenciones que sólo se pueden aplicar a recintos cuyo uso sea Forestal (FO), Pasto con Arbolado (PA) o Pasto Arbustivo (PR), quedando excluidos aquéllos cuyo uso corresponda a Tierras Arables (TA), Viñedos (VI), Olivares (OV), etc. Podremos también conocer si nos encontramos en zona ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) o LIC (Lugar de Interés Comunitario).

La gran utilidad del SIGPAC es que nos permite conocer los terrenos, tanto desde el punto de vista administrativo como desde el punto de vista técnico: nos permite determinar errores en los usos y actualizarlos, determinar la superficie que podemos solicitar para una subvención, contar las encinas de una parcela para incluirlas en un permiso de podas o descontarlas, en caso de tratarse de parcelas de labor.

Manejo del SIGPAC

Para gestionar un coto es imprescindible conocer las referencias de polígono, parcela y recinto, y las informaciones obtenidas como superficies y coordenadas

Como es lógico, el primer paso será entrar en el SIGPAC y, para ello, disponemos de varias opciones: hacerlo desde la página del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (www.marm.es), en cuyo caso enlazaremos con el SIGPAC a nivel nacional, o hacerlo a través de las diferentes Comunidades Autónomas, que nos remitirán al SIGPAC autonómico.

Una vez dentro del SIGPAC, iniciamos la búsqueda de los terrenos que deseamos gestionar. La utilización de las diferentes herramientas es muy sencilla y no precisa de conocimientos informáticos.

Cumplimentados los criterios de búsqueda, sólo nos queda pulsar el botón buscar y, pasados unos segundos, aparece en el centro de la pantalla la parcela seleccionada.

Las líneas rojas corresponden a parcelas y las de color magenta a los recintos.

El SIGPAC funciona mediante superposición de diferentes capas, cada una de ellas con un contenido específico. De esta forma, podemos activar o desactivar capas en función de la información que necesitemos manejar o, incluso, subir o bajar el grado de transparencia de alguna de ellas para poder compaginar la información de unas y otras.

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A través del SIGPAC podemos averiguar si una zona es considerada LIC (Lugar de Interés Común), como el Parque Nacional de El Teide.

Al seleccionar una parcela o recinto, se abrirá una nueva ventana donde podremos consultar información como superficie, uso, pendiente, elegibilidad, fecha de la fotografía o última actualización catastral. Seleccionando la opción IMPRIMIR conseguiremos en papel la información que nos aparece de cada parcela o recinto.

¿Cómo se modifica el SIGPAC? El SIGPAC será útil si hacemos el esfuerzo de mantenerlo catalizado. Para ello, deberemos revisar y actualizar la información referente al uso, a la elegibilidad, a la superficie, al número y tipo de recintos, a la disposición y cuantía de árboles (como olivos o almendros), al trazado de caminos públicos o a la existencia de infraestructuras.

En todos los casos, será necesario justificar documentalmente el cambio solicitado y aportar certificados, por ejemplo, del Ayuntamiento, del Catastro o de la Comunidad Autónoma.

La solicitud la realizaremos en formulario oficial que, generalmente, podremos descargar de las páginas web de las consejerías competentes.

Es muy importante que, entre la documentación que aportemos, incluyamos la salida gráfica del SIGPAC (para cada parcela o recinto a modificar) donde quede reflejado, perfectamente claro, el objeto de la alegación. Finalmente, una vez cumplimentados los formularios, y recabada toda la documentación, lo presentaremos, por duplicado, en el registro de la consejería competente.             

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El reclamo y otras modalidades: cazar o no cazar

Una vez acabada la temporada de caza de Perdiz con Reclamo en España, llega el momento de reflexión. Y esta reflexión no va a ser sobre cómo ha ido la temporada, si ha habido lances destacados o reclamos punteros.

 

La sombra de la Unión Europea vuelve a sobrevolar aguardos y pulpitillos en busca de excusas que argumentar para declarar ilegal la práctica de nuestra pasión. Es sabido que se escudan en afirmar que la caza del reclamo se hace en tiempo de reproducción y cría de estas aves, cosa que prohíbe explícitamente la Normativa Europea, cosa que apoyamos y cosa que defendemos.

Esto parece ya un circo, donde los cazadores hacemos de payasos —con todo mi respeto y admiración a dichos profesionales— de quienes se ríen hasta de las sombras de las piedras.

Ahora les toca el turno a los levantinos, quienes sufren desde hace años el acoso de los, a mi entender, mal llamados ecologistas por practicar una actividad cinegética (que no deporte…) como es el Parany. Pero por si no fuera poco, ahora, a pesar de tener el apoyo de los dos partidos políticos más importantes de la Comunidad Valenciana, el Gobierno de España pone en entredicho la legalidad de esta modalidad de caza, creando así un conflicto verdaderamente político, en el que el enfrentamiento lo es entre partidarios políticos del mismo signo, pero quienes lo sufrimos verdaderamente somos los cazadores.

Hace pocos días, se celebraba en Galicia el campeonato de caza de zorros, con intento de boicot por parte de los mencionados ecologistas, sin llegar a contemplar lo dispuesto en Normas, Leyes y Reglamentos que rigen este tipo de actividades, en donde se dicta el derecho a practicar la caza dentro de las mismas normas citadas.

Esto parece ya un circo, donde los cazadores hacemos de payasos —con todo mi respeto y admiración a dichos profesionales— de quienes se ríen hasta de las sombras de las piedras.

Las Leyes están para cumplirlas. Si se decidió declarar legal la caza con reclamo, que dejen de molestar a un colectivo que lo que quiere es poder disfrutar de su PASIÓN de manera tranquila. Si es el Parany, que dejen a los paranyers desarrollar su actividad cinegética.

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Foto: Urbi.

Ni la caza del reclamo de perdiz se realiza en época de reproducción y cría de esta ave —cosa que los llamados ecologistas, además de los políticos encargados de regular las normas para la práctica de la caza deberían saber—, ni la caza de parany es abusiva e indiscriminada.

Tampoco es abusivo abatir 94 zorros en una zona en la que la densidad de estos animales es de 2´7 animales por kilómetro cuadrado, cuando los mismos ecologistas afirman que la densidad apropiada es la de 0´7 zorros en esa misma superficie.

Sin querer demostrar ningún signo político —al menos esa es mi intención—, creo que ya está más que olvidada la famosa manifestación del 1º de marzo, en la que, como asistente, experimenté una gran satisfacción al ver a los cazadores unidos por primera vez. La antes ministra Cristina Carbona ya no está en el patio político nacional, pero parece que su sombra sigue presionando a quienes tienen hoy por hoy la responsabilidad de gobernar nuestro Medio Ambiente, atacando —o al menos no defendiendo— la caza de la perdiz con reclamo, el parany y la caza de zorros.

¿Qué vendrá después? ¿Empezarán a acosar a lebreles, conejeros o codorniceros? Puede que empiecen a meterle mano a monteros y rehaleros, aunque éstos aún no lo tienen muy claro con el tema del transporte de los perros…

¿Qué está ocurriendo en España? ¿Debe pagar el Gobierno deudas contraídas en las urnas en pasadas elecciones?

Lo que sí que es cierto es que entrar en un terreno privado sin la autorización necesaria, con el fin de boicotear una jornada de caza —sea o no una competición— es ILEGAL. Asaltar —con premeditación, nocturnidad y alevosía— una granja legal de cría de visones para peletería, es ILEGAL.

No hay mayor ecologista que el que lucha por conseguir y mantener un equilibrio perfecto en el Medio Ambiente

En los dos casos se incumple la Ley, y se sienten orgullosos por hacerlo. Incluso cuentan que dejarán para la posteridad el momento de resistirse a los Agentes de la Autoridad durante su detención acusados de estas ilegalidades.

Y ni tienen en cuenta del desastre ecológico que supone liberar a miles de visones durante la noche, amén de las pérdidas económicas que ello supone.

Y yo vuelvo a preguntarme… ¿Qué está pasando? ¿Por qué los cazadores no estamos unidos —parece que el espíritu del 1º de marzo pierde fuerza— en defensa de nuestros derechos? ¿Qué estamos esperando?

Cuando lleguen a ilegalizar una modalidad de caza, sea cual sea, empezaremos con asombrarnos, maldecir e incluso llorar. Y cuando lo consigan con una, irán a por otra. Si ilegalizan la cetrería, yo tranquilo, pues no soy cetrero. Cuando lo hagan con los galgos, yo tranquilo, pues no soy galguero. Pero… cuando lo hagan con el reclamo de perdiz… ¿quién me va a apoyar, ayudar, dar ánimos y comprender para que yo pueda argumentar la necesidad de defender mi derecho a cazar?

Vamos a ser sensatos. Vamos a unirnos de una vez por todas para conseguir que, al menos, antes de que los responsables tomen decisiones drásticas, pidan ayuda y consejo a los verdaderamente interesados y conocedores de la caza en España.

Hay mucho ecologista en los despachos gubernamentales, y son ellos los que se encargan de asesorar a quienes nos legislan. Unos asesoran sobre la necesidad de mantener una modalidad de caza. En cambio, otros —del mismo signo político— dicen lo contrario. Y, para el colmo de los colmos, debemos seguir al pie de la letra lo que nos dictan desde la Unión Europea, en la que diputados de otros países —incluso sin llegar a haber visto jamás una perdiz— votan la prohibición de la caza en España. Porque así lo dicen quienes los aconsejan. Bueno, pues esto ha de cambiar…

No hay mayor ecologista que el que lucha por conseguir y mantener un equilibrio perfecto en el Medio Ambiente. Y eso no se consigue soltando miles de visones una noche, iniciando así un martirio para las especies autóctonas, así como maltratando los mismos visones liberados, ya que no encontrarán sustento para su propia existencia. Tampoco se consigue dejando que la tasa de zorros, dañinos para la mayoría de especies cinegéticas, así como para la ganadería del lugar, además de ser portadora de enfermedades como la rabia, supere casi un 300 % lo recomendado para el equilibrio ecológico de la zona.

Aquello de hermano lobo, es mejor dejarlo para la historia de San Francisco de Asís. Nosotros tenemos y debemos empezar a escribir nuestra propia historia. Que no nos pase lo de siempre: que nos quedamos de manos cruzadas mientras los demás deciden por nosotros, y después nos quejamos amargamente.

Vamos a movernos. ¡Ya es hora!

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¿Qué es el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos?

 

 

El Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos está dedicado al tratamiento científico de los diversos aspectos relativos a la caza, considerando esta como un recurso natural renovable sometido a explotación. El IREC nace fruto del interés y el esfuerzo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad de Castilla – La Mancha (UCLM) y la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha (JCCLM).

Este centro científico, único en España dedicado a la investigación de los recursos cinegéticos, lleva a cabo estudios en áreas tan diversas como son, la Ecología, Patología, Tecnología de la Reproducción, Ecofisiología, Biología Molecular, Sistemas de Información Geográfica (GIS) y Modelos Matemáticos.

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Ciervas (Cervus Elaphus)

 

ESPECIES DE INTERÉS CINEGÉTICO

Parte integrante del Ecosistema
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Jabalí (Sus Scrofa)

El que una especie sea o no sea catalogada como "cinegética" no deja de ser un hecho coyuntural, dependiente del estado de sus poblaciones, de la tradición y de la conciencia social del momento. Lo que no es coyuntural, lo que nunca pierde, es su condición de elemento integrante e imprescindible del ecosistema en el que habita.

El ámbito de estudio del IREC no se encuentra limitado a las especies cazables. De hecho, las especies de interés cinegético no incluyen sólo a las estrictamente consideradas cinegéticas sino que reúnen a todas aquellas que de un modo u otro se relacionan e interaccionan con estas. Desde esta perspectiva, parásitos, vectores, predadores, competidores y/o recursos tróficos pueden ser objeto de estudio en el IREC.

 

MARCAJE Y RADIOSEGUIMIENTO

Reconocer al individuo, conocer cómo, dónde y cuándo
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Radioemisor colocado en perdiz roja

Muchos de los estudios sobre poblaciones, se basan en el examen de una muestra de sus individuos. La necesidad de reconocer a ejemplares concretos ha suscitado el uso de numerosos tipos de identificadores, algunos de ellos fácilmente visibles como anillas, marcas o pintura, y otros no detectables a simple vista como los "trasponders", microchips de minúsculo tamaño colocados a nivel subcutáneo.

Los radiotransmisores aplicados a animales silvestres, abrieron unas expectativas nunca antes conocidas en los estudios faunísticos. Con ellos se han podido conocer en detalle los patrones de uso del espacio y de uso del tiempo, así como las tasas y causas de mortalidad. Estos datos han supuesto un gran avance en el conocimiento de las especies, y a partir de éste, hacia una gestión más eficaz de la fauna.

 

BIOLOGÍA MOLECULAR

Más allá de lo aparente
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Investigador procesando muestras

La biología molecular se ha incorporado recientemente a las investigaciones faunísticas corno una herramienta complementaria de inestimable valor que nos permite acceder a aspectos que de otro modo permanecerían confusos u ocultos. Analizar la identidad genética de un ejemplar, las relaciones de parentesco o estimar los niveles de heterocigosis de un grupo o población, son algunas de las aplicaciones de estas tecnologías para las cuales, en la mayoría de los casos, sólo se precisa una simple gota de sangre o un fragmento de piel.

Actualmente mediante la aplicación de estas técnicas los científicos investigan la relación entre consanguinidad, estado sanitario y parámetros reproductivos.

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De izquierda a derecha: perdiz griega; híbrido hijo de griega y roja; hijo del anterior y roja; y perdiz roja

 

PATOLOGÍA

Enfermedades: Discretas pero letales

Como un elemento más de la fauna silvestre, las especies cinegéticas se encuentran afectadas en mayor o menor grado por patologías de diferente naturaleza. En muchas ocasiones a las enfermedades de origen natural, se suman otras favorecidas por el propio manejo cinegético, como por ejemplo las generadas por los traslados o por la modificación de las densidades naturales.

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Parásito gástrico del conejo

 

MANEJOS

Muchos y diversos

REPOBLACIONES

Comprobando el método y su eficacia

Las especies de interés cinegético son manejadas en mayor o menor grado en todo el territorio nacional. Importantes esfuerzos de orden humano y económico así como enormes expectativas se depositan en estas actividades. La investigación orientada a los procesos de manejo ha permitido en los casos estudiados definir y optimizar la metodología, y evaluar los efectos secundarios y el rendimiento real de las actuaciones.

La suelta y traslocación de ejemplares de especies de caza es una práctica frecuente en el territorio nacional. Su elevado costo y las implicaciones ecológicas que conllevan, han motivado a algunos científicos a centrar sus investigaciones en este tema. Los resultados obtenidos hasta el momento han permitido elaborar protocolos que incrementan la supervivencia de los ejemplares liberados y que minimizan los efectos negativos sobre la población receptora.

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Evolución del uso de los manejos en Andalucía

 

REPRODUCCIÓN

Mejorar la calidad
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Imagen del esperma de un ciervo abatido

A través de la utilización de modernas técnicas de reproducción asistida, tales como la inseminación artificial y de la creación de un banco de dosis de semen congelarlo, los investigadores en tecnología de la reproducción han conseguido mejorar la calidad de los trofeos en varias especies de ungulados y proporcionar una herramienta útil para la disminución de la consanguinidad en las poblaciones. Por otro lado se están estudiando los posibles efectos de la consanguinidad sobre algunos parámetros reproductivos (calidad de la cuerna y del semen) en el ciervo.

 

PREDACIÓN

Vivir y morir en el ecosistema

La predación suele ser un tema controvertido cuando es tratado en el contexto cinegético. En El origen de la controversia se encuentran la desinformación y los tópicos. Los científicos, desde una perspectiva neutra, investigan las relaciones predador-presa incrementando el conocimiento sobre los predadores y su efecto en las poblaciones de especies cinegéticas, aportando datos para que la sociedad conserve, potencie o module sus poblaciones.

 

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El milano real, una de las especies más vulnerables a la persecución ilegal
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Lo que tendríamos que hacer para mejorar los cotos

 

 

Un buen cazador, un cazador ecológico (Coca Vita, 2.002) debe usar deseablemente los animales silvestres, para poder mirar con la cara alta a la sociedad, especialmente a los sectores anticaza por un lado, y por otro para sentirse a gusto consigo mismo. En un buen coto de caza se deben potenciar todas las poblaciones animales para conseguir su máxima diversidad y equilibrios poblacionales estables.

USO DE LOS ANIMALES. En el pasado, el cazador no focalizaba su actividad a una o pocas especies, todo lo contrario. En la actualidad la legislación restringe prudentemente el número de especies cinegéticas, pero los cazadores suelen limitar mucho más sus posibilidades a una o pocas especies, de las muchas autorizadas. Esto es erróneo ya que favorece los desequilibrios entre las poblaciones de animales presa y sus predadores. Todo cazador debe asumir su responsabilidad en no desequilibrar las relaciones de competencia y predación que asocian a los animales que pueblan su coto. El papel del hombre en la naturaleza siempre ha sido el de un superpredador inteligente, que ha velado por los equilibrios en los ecosistemas, ya que él es parte de los mismos.

altMuchos de los intereses comerciales actuales están orientados dentro de las monoproducciones debido a su rentabilidad económica, ya que eso exige la competitividad por los bajos precios y por el volumen de ventas. Las sociedades de cazadores no deben trasladar esta forma de pensar y de actuar a la naturaleza de su coto. Porque esto exige una velocidad de transformación de la tierra no tolerable por la fauna silvestre. Al contrario, los cazadores deben aprender a valorar las oportunidades que les ofrece la diversidad natural, por tanto aprender a cuidar de todas ellas. Desde las especies que viven en los bosques de rivera hasta los animales de los terrenos más áridos. Todos, la fauna y la flora silvestre tienen alto valor que debemos considerar, puesto que la actividad moderna del hombre sobre la tierra, hace desaparecer a nuestra flora y fauna silvestre. Por eso debemos aprender a asignar a lo natural un valor alto, considerando qué coste tiene reponerlo. Es obligación del cazador cuidar las poblaciones de animales silvestres con todo su celo, ya que de ellas depende que pueda disfrutar de la caza natural y no sólo dedicarse a la caza de granja. Esto exige no sobrepasar nunca las capturas máximo sostenibles. ¿Qué número de animales silvestres son las capturas máximo sostenibles? Con la ayuda de un técnico, registrando datos y recogiendo muestras biológicas de los animales capturados, se puede calcular con precisión ese número. En ausencia de estas condiciones, aplicando el sentido común y observando la abundancia de animales con objetividad durante los días de caza, podemos aplicar criterios sencillos que garantizan que nuestras capturas están por debajo del número máximo que tolera la población silvestre, sin sufrir daño. Por ejemplo, no superar nunca con las capturas el 40% de los animales que vemos. No perseguir animales en lugares donde sean poco abundantes. No concentrarse en áreas con exceso de cazadores. No disparar sobre crías, pollos o las madres con su prole.

Con las capturas, es indispensable no confundir los animales silvestres con los de granja. Es habitual que para suplir la escasez de piezas silvestres, se recurra a los reforzamientos con animales de granja. Esta estrategia es mejor sólo utilizarla en los cotos de caza intensiva destinados a este fin. Cuando las condiciones sociales impiden disponer sólo de caza silvestre, es imprescindible contar con ayuda técnica en las sueltas, con el fin de impactar negativamente lo menos posible en las poblaciones silvestres.

altCon las fantasías de los comerciales o de los cazadores miembros de la junta se pueden organizar sueltas de plástico, pero difícilmente recuperar poblaciones de animales silvestres.alt

USO DE LOS TECNICOS Y GUARDAS. Un buen coto, un coto cuidado se caracteriza por la labor profesional que en él desarrollan técnicos y guardas. Es habitual que las sociedades de cazadores no utilicen los servicios profesionales de técnicos y guardas con objeto de abaratar los costos. Sin embargo, esto es un gran error, ya que los costes reales de las oportunidades de caza y de las piezas abatidas se disparan, cuando no existe la labor de técnicos y guardas. La misión de los técnicos es desarrollar un plan de gestión adecuado a las características del terreno, a las principales especies y a la cultura cinegética de la sociedad de cazadores. La misión del guarda es clave para alcanzar con éxito los objetivos del plan de gestión que dirige el técnico. Por eso guarda y técnico deben trabajar como una máquina perfectamente ensamblada, sin fisuras. Muchas veces los guardas no obtienen el rendimiento esperado debido a que no reciben suficiente apoyo técnico. Es una labor fundamental del técnico formar equipo con el guarda, para juntos acometer las tareas de gestión. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones es la junta de la sociedad es quién dirige las labores del guarda, con frecuencia desacertadamente. Es habitual que la persona encargada de supervisar las tareas del guarda carezca de conocimientos técnicos suficientes, o bien no está claramente definido a quién corresponde la tarea de dirigir, supervisar y apoyar al guarda. Cuando en el coto de una sociedad de cazadores existe guarda, es frecuente que su labor quede relegada a la vigilancia y a alguna que otra tarea puntual y discontinua.

altLa mayoría de los problemas de las poblaciones de animales silvestres y de sus hábitats son complejos, no se pueden solventar sin planes de gestión serios y costosos. Con las fantasías de los comerciales o de los cazadores miembros de la junta (ambos carecen de formación técnica y científica suficiente para resolver los actuales problemas de la naturaleza) se pueden organizar sueltas de plástico, pero difícilmente recuperar poblaciones de animales silvestres. Precisamente, una de las ventajas del mundo moderno es la existencia de buenos profesionales especializados que ofrecen sus servicios en muy distintos campos de actividad. Esto es posible porque el público demanda esos servicios: fontanero, mecánico, informático, etc. Sin embargo, muy pocas sociedades de cazadores demandan los servicios de un técnico cinegético o de un guarda. Es evidente que sin demanda de estos servicios profesionales en el cuidado de la caza, ningún técnico, ni guarda, se va a dedicar profesionalmente a solventar problemas de cotos, ya que es difícil, por no decir imposible, que este técnico y guarda puedan llegar a comer, debido a la inexistente demanda de este tipo de trabajos. En contraposición las juntas de las sociedades de cazadores están llenas de miembros, que sin estudios específicos, ni herramientas adecuadas, dicen saberlo todo sobre la gestión de la caza, confundiendo la acción de cazar con la de gestionar la caza. Claro que sus conocimientos se limitan a saber como repartir los permisos de caza entre los cazadores de la sociedad. Por ello, estas juntas rectoras del coto, para tomar decisiones y evitar responsabilidades suelen recurrir a la asamblea, de esa forma el fracaso es colectivo y no de la junta, o del miembro que tan brillante idea hizo aplicar para la gestión del coto. Sólo con proyectos de futuro adecuadamente diseñados, con fondos económicos capaces de apoyar las inversiones necesarias, se pueden contrarrestar los impactos negativos que la actividad económica actual produce en el campo. Son tantos los desmanes que la mano del hombre desencadena en la naturaleza, que sólo las ideas vivas, aquellas capaces de mover a los socios con todo su entusiasmo, son útiles para contrarrestarlos.

 

USO DE LA TIERRA Y EL AGUA. La economía de mercado que manda actualmente en el planeta, sólo deja hacer con la tierra y el agua, aquello que es más productivo económicamente. Producir caza silvestre no es rentable, ya que no existen cazadores dispuestos a pagar lo que realmente cuestan estos animales. Los cazadores de las sociedades acostumbran a confundir caza social con caza barata. Caza barata sólo existe de plástico. La mayoría de las sociedades arriendan un coto pensando que en el precio están incluidas abundantes oportunidades de caza. Sin embargo, la realidad muestra que sobre esos terrenos, apenas quedan cuatro animales silvestres. Hemos desembolsado 6.000 ó 18.000 € y disponemos de tierra para pisar, pero los animales son muy escasos. Precisamente hay pocos animales porque los usos del suelo en esos terrenos son agresivos con ellos, por lo que no pueden sobrevivir en esas condiciones. Por tanto, la mejor inversión en ese coto es arrendar o comprar tierra para hacer que en ella sea posible la vida silvestre. Con esta formula las sociedades de cazadores más avanzadas han iniciado programas de mejora de los hábitats de la fauna del coto. Además, en estos terrenos suelen construir instalaciones para crear centros de recuperación de fauna cinegética silvestre. Todo ello añade la ventaja de capitalizar a la sociedad de forma compatible con su premisa deportiva sin ánimo de lucro.

En ese núcleo inicial de terreno propio de la sociedad se instala la reserva de caza del coto y se consigue un uso del suelo, que contrariamente a ser agresivo con la vida silvestre, potencia su reproducción y recuperación. Cuando esta estrategia se generalice y sea conocida por la gente de las ciudades de este país, entonces cambiará la imagen pública actual del cazador español. Pero no sólo eso, también cambiará el hecho de que unos pocos cotos bien cuidados en toda la península sean la única fuente de animales silvestres del resto de colindantes descuidados, ya que la sinergia creada en proceso de recuperación beneficiará a todos simultáneamente.

altSi hasta ahora, en nuestro país la aplicación de la PAC ha sido el peor de todos los despropósitos para nuestra fauna silvestre (mientras que en otros países vecinos ha sucedido lo contrario) de ahora en adelante debemos preocuparnos de cambiar esta situación. Tenemos dos grandes plataformas para conseguirlo, la primera soportada en las organizaciones agrarias, donde ya es tiempo para que hablen los agricultores que son cazadores y amantes de la naturaleza. La segunda en la unión de las organizaciones de cazadores y su exigencia de estar presentes en todas las delegaciones que tengan responsabilidades sobre la aplicación de PAC. Las medidas de abandono de tierras, de barbechos, de producción ecológica, etcétera, deben ser compatibles con la existencia de fauna cinegética silvestre.

La labor individual apoyada y reconocida en el cuidado de los hábitats de la fauna silvestre sobre la propiedad privada, es una de las claves que se debe desarrollar en el futuro de nuestros cotos. Existen miles de fórmulas estimulantes para recompensar las labores que las personas hacen en sus tierras, para fomentar la fauna cinegética silvestre del coto. Premios a la conservación del hábitat, actos públicos de reconocimiento de la labor del cuidado de los hábitats, placas conmemorativas de felicitación a la labor de conservación de los hábitats, difusión en los medios de comunicación de la labor personal en el cuidado de los hábitats de la fauna, etcétera, son inversiones de futuro necesarias para mejorar la caza. Precisamente, los cazadores son las personas que deben estar más interesadas en el desarrollo de estrategias positivas, para el estímulo del uso compatible de la tierra con la subsistencia de poblaciones de animales cinegéticos silvestres.

altLa participación quiere decir posibilidades de hacer, sin embargo es típico que en las organizaciones de nuestro país, los cargos y directivos se empeñen en hacerlo todo ellos solos, sin dejar hacer a la base que somos todos los demás.alt

USO DE LA FEDERACION. Las organizaciones funcionales están en un proceso continuo de expansión y renovación. La transparencia de cualquier organización representa su valor, ya que en una sociedad democrática importa mucho poder emitir juicios de valor que no estén sesgados por los intereses ocultos, como sucede con las organizaciones opacas. Una organización democrática, deportiva y participativa es obligadamente intrageneracional. Desde los niños hasta los abuelos cazadores deben poder ver sin ruborizarse, cualquier competición deportiva que la federación suscriba. Es obligado revisar profusamente todos los reglamentos y normativas deportivas para actualizar su valor al momento actual. Las sociedades transparentes son abiertas, esto les permite incorporar las críticas públicas y rehacer su rumbo. Es hora de que la federación de caza sea también una organización atractiva para el público que no es cazador, pero si amante de la naturaleza, dispuesto a colaborar en la recuperación de la fauna silvestre y sus hábitats.

La participación quiere decir posibilidades de hacer, sin embargo es típico que en las organizaciones de nuestro país, los cargos y directivos se empeñen en hacerlo todo ellos solos, sin dejar hacer a la base que somos todos los demás. Poco pueden hacer aquellas organizaciones que soportan las ansias de poder de unos pocos, ya que ni son representativas, ni tienen fuerza. Para llegar a cambiar la política que las comunidades autónomas aplican en la caza, la federación debe representar con fuerza a los cazadores españoles. Esto exige que desarrolle su propio modelo organizativo, no sólo centrado en las competiciones deportivas, ya que son pocos los cazadores de competición y muchos los cazadores normales, sino también en la conservación y recuperación de la caza que es el principal objetivo del cazador español.

altDebemos exigirle mucho a la federación del futuro para mejorarla en relación a nuestros propósitos, desde un amplio equipo técnico y formativo, hasta múltiples servicios en defensa de las poblaciones de animales silvestres, sus hábitats y las oportunidades de su caza. Poco a poco en las diferentes federaciones autonómicas y sus delegaciones van surgiendo actividades imprescindibles para el futuro de la caza y de los cotos. Desde proyectos de introducción de la disciplina de la gestión cinegética, hasta los periódicos autonómicos de la caza, donde se pueden ver las actividades y las inquietudes de las distintas sociedades de cazadores. Los cotos federativos son imprescindibles como ejemplo de gestión para el aprendizaje del cuidado de la fauna cinegética silvestre. Pero no basta con las placas señalizadoras, hay que hacer realidades en el terreno que sean escaparates útiles en varios sentidos: en el ejemplo del cuidado de la caza, en el ejemplo de instalaciones, en el ejemplo de campo de competiciones de caza silvestre, en campo de aprendizaje de las distintas técnicas de gestión y de caza, en ser un espacio cuidado por todos los federados.

 

USO DE LAS ADMINISTRACIONES. Las administraciones autonómicas y estatales, en su obligación de regular la caza, deben dar servicios útiles para los cotos, los cazadores, los técnicos, los guardas, los científicos, los amantes de la vida silvestre, etcétera, lejos del sistema orden, mando y criminalización del cazador, junto con el de pretendida tutelación de la gestión de los cotos, al que actualmente estamos acostumbrados. Las administraciones deberían desempeñar el papel de reparto de incentivos para la mejora de la gestión de los cotos, las sociedades de cazadores, los estudios científicos sobre la caza, las especies y sus hábitats. Además del imprescindible soporte de apoyo técnico mínimo. Es obligación de las Administraciones invertir en la formación tanto del cazador como del público general sobre la caza natural y su uso deseable. Las nuevas leyes de caza van apareciendo lenta pero continuamente, las revisiones y adaptaciones progresivas de nuevos textos legales son una obligación de las distintas administraciones, que el cazador debe exigir. Pero no sólo eso, también se debe requerir nuestra participación en su redacción, porque de la legislación depende el futuro de nuestros cotos.

Son relativamente recientes las decisiones políticas de administración positiva de la caza mediante órdenes de ayudas para la mejora de la gestión de los cotos. Es imperioso que logremos generalizar este sistema a todas las administraciones del país, que consigamos mejorarlo haciéndolo más flexible, continuo y mejor dotado de fondos económicos. Se necesitan de forma urgente, ayudas para la investigación cinegética que permita desarrollar ambiciosos proyectos en todas las comunidades, especies y hábitats.

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El estilo del cazador

 

 

Es curioso que halla gente que pretenda sentar cátedra entre los cazadores y hacer válidos sus argumentos, con un estilo, digamos, poco agradable y, desde luego, claramente inaceptable, para nadie que tenga un mínimo de dignidad. Frases y palabras malsonantes, agresivas, etc., intentan llenar todo el espacio, como si eso fuera lo normal entre la gente, o entre los cazadores. No señor, no lo es y nunca lo ha sido.

altEstas mismas gentes abogan porque hagamos campañas de imagen a favor de la caza, a favor del cazador, que hagamos gestos de autocrítica, eliminando conductas, modalidades, formas de cazar o de tirar tiros, poco racionales, según ellos, y llegan a proponer que los cazadores nos convirtamos en defensores del buen hacer, convirtiéndonos en autocensores de nuestras actividades y se lo enseñemos a la sociedad, para demostrar los éticos y buena gente que somos.

Nos rasgamos las vestiduras y nos quejamos de que la sociedad no cazadora nos critica fuertemente y porque estamos ya acorralados por ella. Sin embargo no cuidamos las formas de comportamiento personal, no cuidamos nuestro estilo. Los foros de caza, son un buen ejemplo de lo que estoy diciendo.

Es como si algunos creyeran que un foro de cazadores es un coto privado, no solo les permite descuidar sus formas, sino, además, usar este estilo agresivo, para aparecer como eruditos, sabios o estrategas, a base de callar las bocas del resto y a base de agresividad injustificada.

Difícilmente, vamos a mejorar nuestra imagen, fuera, si no nos esforzamos en hacerlo, dentro (aquí).

altSi yo fuera ecologista-integrista y entrara en un foro de cazadores y viera las formas que se emplean, aquí, entre nosotros, verdaderamente estaría, primero, sorprendido y, después, contento, frotándome las manos de placer.alt

Recuerdo mis comienzos en la caza. Las cuadrillas de cazadores de antaño en las que yo era un chaval nuevo y todos aquellos hombres tenían unas formas hacia el otro, absolutamente respetuosas y caballerosas. Las buenas formas no eran patrimonio de los catedráticos, ni de los titulados superiores, ni de los dueños de fincas, ni de los pastores, ni de los labradores. Era patrimonio de todos, y, el cazador, un buen ejemplo de ello, ante los demás. Contaría mil anécdotas de cómo un cazador, desconocido en un pueblo era capaz, a base de amabilidad, respeto y buenas formas, de ganarse a los vecinos, en cuatro días. Eso si, con un estilo abierto, integrador, generoso, colaborador y sin menospreciar a nadie. (Un pueblo cualquiera, es, al fin y al cabo, una sociedad)

Si había que reírse, en la cuadrilla, ironizar, exagerar, gastar bromas o faenas, que de todo había, claro, se hacía y si había que lamentarse, también, pero siempre en un tono y sobre todo, un fondo, de respeto. Recuerdo su esfuerzo en que yo mismo no me diera cuenta, que era un novato. Me trataban como si fuera un maduro y todos, y yo, sabíamos que no lo era. Todos éramos iguales y les aseguro que muchos de ellos, por nivel social, dinero, propiedades, prestigio y un montón de cosas más, si hubieran sido prepotentes en cualquiera de estas circunstancias personales que poseían, no me hubieran dirigido ni la mirada y mucho menos la palabra.

La gente no cazadora de entonces, de campo o de ciudad, apreciaba esa caballerosidad y buen estilo del cazador. Los cazadores eran auténticos señores en el campo.

Estoy convencido que desde aquel entonces, las cosas han cambiado y mucho. El comportamiento de los hombres en general, ha cambiado. El respeto es “rara ávis”, en casi todo.

Si yo fuera ecologista-integrista y entrara en un foro de cazadores y viera las formas que se emplean, aquí, entre nosotros, verdaderamente, estaría, primero, sorprendido y, después, contento, frotándome las manos de placer, porque damos una impresión de gente desunida, confrontada por cosas intangibles y discutiendo el “sexo de los ángeles” y, lo peor, disputándonos quien es el mas sabio, mas alto, mas listo, mas ético, mas elegante, y mas... no se qué, a base de mamporros y garrotazos verbales.

altSi algún día se consigue esa campaña de imagen que algunos pretenden y defienden como la solución de todos nuestros males, tendrán que cambiar y mucho, su estilo y sus formas, porque, en caso contrario, la campaña se notará que es eso, de imagen y solo de imagen. No hay respeto real, cuando pretendemos convencer a la sociedad no cazadora de que somos muy respetuosos. Si no respetamos las formas, empleando un estilo escrupulosamente respetuoso, entre nosotros, ¿de que vamos a convencer, a quién? . Que credibilidad vamos a tener si no respetamos las formas entre nosotros mismos. Grave contradicción quién presume del respeto a la pieza de caza, a la naturaleza, al lance bien ejecutado y equilibrado, de nuestra racionalidad de cazadores, de nuestra ayuda a la sostenibilidad del medio ambiente, a la pureza de algunas, nuestras modalidades éticas y estéticas y un etcétera muy largo de respetos y, a la primera de cambio, nos falta el respeto, a nosotros, sus colegas de afición, los cazadores.

No doy un duro por quieres aparecen, arrasando a todo el que pillan por delante, a base de prepotencia, palabras, frases y estilos agresivos, refinados, ilustrados, eso si, pero avasallando al resto. No me valen, ni en serio, ni en broma. Yo no los quiero como ejemplo ante la sociedad no cazadora ni como gestores de la campaña de imagen, para que me defiendan de nada. Es mas, no los quiero a mi lado, como cazador, para emprender nada. Y si se trata de pasárselo bien, hace tiempo que elegí una actividad, para pasármelo bien: la caza, pero con las piezas, con mis perros y con mi cuadrilla de cazadores, entre los cuales, eso si, el respeto es norma de obligado cumplimiento, sin fisuras ni deslices, todos somos iguales y nadie se atreve a prevalecer sobre el resto, porque sabe que su destino estaría escrito.

Con esta reflexión pretendo abrir los ojos de los que piensen que, entre nosotros, los cazadores todo vale; esto es la selva; aquí “el que mas chifle: capaor”; unos somos tontos y otros son mas que nadie.

Por ahí no vamos a ninguna parte .Propongo destacar y reconocer a aquellos que, realmente, enseñen algo al resto, en vez de enfrascarse en juegos florales dialécticos que no sirven para nadie, salvo para cabrear a los agredidos. Es mas, deberíamos adoptar, de una vez, opino, como propia, la obligación de tener un estilo respetuoso, agradable y, especialmente amable, tratándose de cazadores, iguales que uno mismo, como norma dialéctica y objetivo a alcanzar, entre todos. Y el que no tenga nada que contar o que enseñar (es más, lo oculte, cuando le preguntas), o no sepa, o no este dispuesto a tener este estilo, a mi, que no pretenda convencerme de campañas, ideas, posturas, prohibiciones, autocríticas o censuras, porque lo que tiene que hacer es empezar consigo mismo, esa campaña.

El famoso debate, tan viejo como el hombre, entre ¿que es mas importante el fondo o la forma de las cosas?, viene a cuento, aquí y ahora. Los que pretenden tener razones y, a la postre, razón en el debate, quedan desautorizados con el empleo de formas inadmisibles. Es mas, precisamente si alguien cree estar en posesión de la razón y presumir de elevada intelectualidad, en cualquier debate serio, debería saber que utilizar formas especialmente agradables, adorna el fondo, o sea sus razones, hasta convertirlas, tal vez, en verdades. A menos que, los que actúan al margen de las formas respetuosas, en el fondo, les importe un bledo el debate y por tanto, dicho fondo, que es lo importante. Profundizar en este error es hacer mas impermeable, e impenetrable aun, el gueto en el que nos quieren encerrar a los cazadores. Yo, desde luego, no quiero estar encerrado en ninguno, ni aquí, ni fuera de aquí.

En fin, cosas de cazadores antiguos. Lo del tío Emeterio, vamos. Lo elemental.

Publicado el 6 abril 2010 - 0 comentario(s) [ Escribe tus comentarios ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]

El cazar, y su propia identidad

 

 

En algunas ocasiones he hablado de las concepciones que considero hay dentro de la Caza: caza científica, caza cinegética, caza comercial, caza deportiva, etc. Todas las he conceptuado como Caza por el simple hecho de que las articula el significado de dicha palabra: atrapar, capturar, abatir, cobrar o matar animales que se le une el fin u objeto de la palabra que les precede.

altPero una cuestión es la caza y otro muy diferente es el cazar, que tiene un significado específico: el buscar o seguir a las aves, fieras y otras muchas clases de animales para cobrarlos o matarlos. El cazar en la actualidad se practica o realiza como actividad cinegética sobre especies cinegéticas (animales silvestres o salvajes susceptibles de aprovechamiento). Esta actividad cinegética, el cazar, es lo que la mayoría de cazadores vivimos, compartimos, hablamos, practicamos y consideramos que es la verdadera caza, actividad muy legislada por muchas leyes de caza y normas que las desarrollan, pero poco reconocida su propia identidad.

Las Leyes de Caza por lo general, citemos como ejemplo la de Aragón (17/04/2002) y la de Murcia (10/12/2003) por coincidir con su objeto, que es, la regulación del ejercicio de la caza, la ordenación de la actividad cinegética y la conservación y fomento de los hábitat de las especies cinegéticas. En una palabra, se reconoce que existe la actividad cinegética, pero cuando se ordena, se entremezcla otra actividad, la deportiva.

altEsta actividad cinegética, el cazar, es lo que la mayoría de cazadores vivimos, compartimos, hablamos, practicamos y consideramos que es la verdadera caza, actividad muy legislada por muchas leyes de caza y normas que las desarrollan, pero poco reconocida su propia identidad.alt

En las Leyes de Caza en general se dan cosas muy paradójicas e inexplicables: Se habla de prácticas deportivas, y no de practicas cinegéticas. Se habla de caza, cazar, cazadores, y cotos pero se les nombra como deportivos, y no como cinegéticos. No se reconocen organismos e instituciones cinegéticas ni se habla de crearlos por que ya existen, los deportivos. Se da preferencia o reconocimiento a federaciones y entidades cuando claramente practican otra actividad que no es la cinegética, es la actividad deportiva. Se obliga a las sociedades de caza como titulares de los cotos o espacios o terrenos cinegéticos de caza a gestionar las especies cinegéticas, pero no se les reconoce o registra que lo hacen o que sus fines son esos, ya que se les considera entidades deportivas y no cinegéticas, con lo cual no se les puede ayudar por algo que no hacen. Se habla de modalidades deportivas, cuando en las ordenes de vedas se normalizan las diferentes modalidades que se practican en el seno de la actividad cinegética, etc, etc, etc.

alt¿Pero por qué no se reconocen todos los aspecto que envuelven a dicha actividad cinegética, el cazar, y la Caza?, como por ejemplo: practicas cinegéticas, organismos cinegéticos, entidades cinegéticas, registros de entidades cinegéticas, cotos cinegéticos, modalidades cinegéticas, etc, etc, etc.

Considero que todo lo expuesto y mucho más hace que la actividad cinegética, el cazar y a la Caza, no tenga identidad propia. ¿Cómo va haber unión entre el colectivo de cazadores que practica la actividad cinegética, organismos que la coordinen, instituciones que la defiendan, entidades que se les apoye en su gestión y se les fomente, y cazadores que se vean respaldados en su actividad?, si solo se reconoce legalmente en la ley que la legisla, que solo existe una parte de ella, la del deber y obligación de conservar y fomentar las especies cinegéticas, y no de todo mundo que conlleva dicha actividad.

Es lamentable que las leyes de caza que regulan la actividad cinegética entremezclen actividades en perjuicio de ella y del cazar; no den reconocimiento y legislación al mundo que la rodea con organismos, instituciones, entidades, modalidades, cazadores, ayudas, inversiones, y fomento con nombres propios; no se hable de ella con propiedad; y no sienten las bases de su propia identidad cinegética.

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